No es “El indomable Will Hunting”, una película perfecta, pues tiene algunos despistes de guión y disgresiones que distraen de lo central al espectador, incluso con alguna secuencia equivocada. Pero sÍ es una película que nos provoca entusiasmo e ilusión de vivir por cuanto narra una historia de crecimiento personal, salpicada de cierto humor erótico pasado de gusto, muy al estilo de Gus Van Sant, su director.
Will Hunting es un chaval dotado portentosamente para las matemáticas. Vive feliz con un trabajo sencillo y unos amigos fieles y un pasado delictivo. Obrero de la construcción, fregasuelos de los pasillos de la Universidad de Harvard.Un día, se descubre casualmente esa enorme y genial facilidad para descifrar teoremas matemáticos y sus profesores intentan que dé un rumbo a su vida errática, anárquica y libertaria.
Lo mejor de la película es el encuentro entre los dos personajes principales, el terapeuta y el joven que no quiere plantearse el futuro de su vida. Es el encuentro, además de dos grandes actores, uno que empezará en aquel entonces a ser una promesa y que después la ha cumplido, el joven Matt Damon y el veterano cómico Robin Williams, en un papel muy parecido al que interpretara en “El club de los poetas muertos”.
El filme brilla sobre todo en algunos momentos, y es inolvidable la secuencia, al principio de la película, del diálogo-monólogo que tiene Robin Williams con Matt Damon en el banco de un parque junto al lago, convertido ahora en lugar de culto para los admiradores del llorado Robin Williams. Vivir, ser libre, elegir tu propio destino y amar, esas son las cuestiones, pero, sobre todo, amar.
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