miércoles, 22 de noviembre de 2017

SANTA CECILIA VA AL CINE


¡Felicidades, músicos!

De entre todas las artes, quizá sean la poesía y la música las dos más espirituales y las que más directamente te acercan a la belleza más profunda, que para muchos de nosotros es la Belleza de Dios. De entre las “musas” de todas las artes, Santa Cecilia, aquella muchacha que murió por testimoniar su fe, es figura admirada y venerada por los músicos. A ella se han dedicado maravillosas piezas musicales: escuchad, si no, la “Oda a Santa Cecilia” del inglés Henry Purcell.

Sí, la música es para muchos de nosotros como un aire necesario que precisamos para vivir. Y en nuestra Iglesia y su culto, la música es uno de los mejores instrumentos para elevarnos hasta Dios. Sin embargo, religiones y sectas religiosas fundamentalistas ven la música como obra del diablo (!?). También, desgraciadamente, para algunos músicos (de rock) parece que su arte los aboca a la desdicha, a la infelicidad, al nihilismo…

Desde el mismo cine mudo, la música ha sido un elemento casi imprescindible en sus exhibiciones: al principio un piano u órgano acompañaba las imágenes mudas y después, en el cine sonoro, la música se introdujo como un elemento no sólo de adorno sino también diegético o inherentemente esencial del relato cinematográfico.


Hoy que es la fiesta de Santa Cecilia al empezar el día  lo primero que he hecho es buscar en yutub  el introito de “La Messe des morts “ de André Campra. Es algo sublime, que te eleva y te deja pasmado ante tanta belleza. Es una de mis piezas favoritas (¡y eso que tengo muchas!!!!!) Después he repasado en mi memoria muchas películas en donde la música es  protagonista principal, filmes que narran vocaciones artísticas musicales, procesos de formación de coros, conjuntos y orquestas que suelen ser símbolos y metáforas del proceso espiritual de los seres humanos para quienes la música a veces ha sido su terapia, su tabla de salvación. De entre las muchas que podríamos citar: “Música y lágrimas”, “Los niños del coro”, “Sonrisas y lágrimas”, “El pianista,”Todas las mañanas del mundo” “Whiplash”, o la muy reciente “La ciudad de las estrellas (LA, LA Land)”. Estas tres son mis recomendaciones de esta semana.

CANTANDO BAJO LA LLUVIA. (Estados Unidos, 1952) de Stanley Donen y Gene Kelly.
Convertir una película muda, al comienzo del cine sonoro en una musical. Un reto que convierten en proeza unos actores con su productor, en una historia divertidísima que nos muestra la importancia de la música en el cine y además con bailes y danzas llenos de optimismo que ensancha el corazón. Una obra maestra del cine de todos los tiempos.

EL ÚLTIMO CONCIERTO. (Estados Unidos, 2012) de Yaron Zilberman.
Tras 25 años cosechando éxitos y gozar de fama mundial, y en plena preparación de un concierto para celebrar su cuarto de siglo profesional, el futuro de un cuarteto de cuerda de Nueva York recibe un duro golpe que puede poner en entredicho su supervivencia. El violonchelista de la formación está padeciendo los primeros síntomas del Párkinson Sensible y sutil, una historia triste contada con sobriedad y sin empalago e imagen sincera de la vida humana.

EL RESPLANDOR DE UN GENIO (SHINE)  (Australia, 1996) de Scott Hicks.
Basada en la vida de David Helfgott, un niño prodigio, [Shine –Resplandor], examina su tortuosa vida, desde su infancia dominada por su estricto padre, hasta llegar a sus crisis nerviosas cuando es adulto. Cuando es aceptado en una prestigiosa escuela de música en Londres, David se siente capaz de huir de su padre y arriesgarlo todo por su única pasión, la música. Es un intenso drama lleno de superación, solidaridad y esperanza a través de la música como liberación.

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