sábado, 15 de junio de 2019

PALABRAS PARA IGNACIO



Nacho Barrera es mi sobrino. Falleció a los 15 años casi súbitamente. Toda mi familia lo tiene naturalmente  en el corazón. Era un chico muy deportista, entusiasmado con el baloncesto. Quizá tenía un futuro prometedor en ese deporte.

El Club al que pertenecía  -el «Basquet Llìria»- lo recuerda y homenajea, celebrando anualmente el "Memorial Nacho Barrera". Este año es el número XII. Esta mañana de sábado se ha inaugurado dicho memorial con una competición y en su honor se han leído estas palabras. 

Ahí van.

                          Palabras para Ignacio

En el mundo que nos rodea, en nuestra propia ciudad de Llìria, en nuestra vida personal, nos suceden muchas cosas profundamente personales que, guiadas por devenir del tiempo, que nunca se detiene, muchas veces se escapan y cuya distancia parece alejarnos de lo que más queremos. Por eso andamos siempre luchando contra el olvido.

Pero hay algo que siempre perdura, y permanece y que nada ni nadie podrá borrar. Es el amor hondo y enraizado hacia las personas que nos han rodeado: para su padre y para mí, así como para su hermana, Ignacio es como una roca inalterable a la erosión del tiempo, como lo es para vosotros también, queridos miembros del Club de Basket, que año tras año, con afectuoso homenaje, convocáis este memorial como respuesta y recuerdo de aquel muchacho que entregó una gran parte de su vida a la práctica de este deporte, el baloncesto, a glorificar a este su club.

Lo hizo con la furia, el gozo, el empuje y la ilusión entregada de una persona joven, que sabia que en la competición y en el esfuerzo deportivos daba lo mejor de sí y recibía también lo mas positivo de los otros. Su imborrable pérdida, que nos hace andar por el camino de la nostalgia y también de las lagrimas, sigue empujándonos hacia la superación de las adversidades y hacia el estímulo de crear un mundo mejor en el que los valores más positivos del deporte: coraje, superación, nobleza, alegría, habilidad, se puedan trasmitir a las más jóvenes generaciones. Por eso a Nacho lo queremos recordad feliz y alegre: lo fue antes de que la muerte nos lo arrebatara y lo sigue siendo ahora que está en la otra orilla de la vida.

Todo esto es efecto del amor que nunca pasa y también causa del futuro que todos deseamos mejorar. Aunque a veces el horizonte de nuestras vidas aparezca oscuro, roto o difuminado, todos sabemos que Nacho con la alegría de vivir que tenía y con su coraje, nos sigue iluminando a los que aquí quedamos.

Gracias, amigos, porque con este memorial hacéis presente aquí el ejemplo de su ilusión y de su vida. Este homenaje, sí, es para él y también para todos vosotros.


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