lunes, 30 de diciembre de 2019

ORAR CON MÚSICA



Esta mañana he hecho mi oración cotidiana escuchando la Sinfonía nº 3 (o "de los Lamentos")  para soprano y orquesta, de Henryk Gorecki, compositor de Katowize. 

Con mucha frecuencia, después de rezar mis laudes a los que mi rutina degrada, suelo continuar mi plegaria matutina con la meditación de algunos poemas, o una página de algún texto religioso escogido o también, como hoy, escuchando alguna pieza de música especial. Puede ser alguna canción de los grandes: Cohen, Dilan, Springstein o también, como ahora, esta sinfonía que compuso en 1973 el autor polaco inspirado en unas inscripciones desesperadas que leyó en una mazmorra de un campo de concentración. Graffitis que eran una llamada angustiosa de un joven a su madre en las horas previas de su ejecución. La respuesta amorosa de la madre cantándole una nana.

Me he sentido casi arrebatado (no, no he levitado) por la tensión espiritual de una música que iba ascendiendo en emoción religiosa como si transitara en una escalera como la que soñó Jacob y que llegaba hasta Dios. ¡Otra vez más la belleza realiza el misterio que me ayuda a estar muy cerca de Dios!

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