
Pero a lo que voy: como en otras parroquias antes de de celebrar las Primeras Comuniones, solemos bautizar a los niños que en su edad acostumbrada, los primeros meses de su vida, no fueron bautizados. A estos bautizos yo los llamo bautismos-escoba. Las explicaciones que se nos dan son muy variopintas e inverosímiles. Así que, como los padres quieren montarle al niño (y a ellos mismos) el evento festivo, familiar y exitoso de la Primera Comunión) pues llevan al templo a sus hijo/a recibir el bautismo dos meses antes de la Comunión (porque se les obliga: si no, ni eso). Así lo hicimos en la parroquia el otro día. Teníamos cinco niños a los que en ceremonia conjunta se les administró el sacramento del Bautismo. ¿Cinco? Bueno, yo diría que se administró cuatro bautizos y medio.
Una de las familias se nos acercó antes de empezar la ceremonia y nos dijo que se irían enseguida una vez bautizada su hija, porque tenían prisa, no recuerdo por qué. Naturalmente, les dijimos que en cuanto acabara, se podían marchar y no quedarse haciéndose fotos, etc. como hacen otros padres. La sorpresa fue que cuando se derramó el agua bautismal sobre la niña, la familia sin esperar (¡tenía mucha prisa!), sin despedirse de nadie, se salió del templo y de la niña nada más no se supo. El sacerdote, ocupado en el rito del siguiente bautismo, colocando a padres y padrinos (¿habéis visto gente más despistada y torpe que los padrinos de bautismo?) alrededor de la pila bautismal, se dio cuenta después, en el momento de ungir con el santa crisma a los bautizados, de que aquella familia había huido
O sea que aquella niña de nueve años (que independientemente es una niña preciosa y muy aplicada) se bautizó al estilo de los niños que en el paritorio y en grave peligro de sus vidas se les practica el bautismo de emergencia…