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jueves, 2 de febrero de 2017

Me salgo de WhatsApp!


Esta mañana me encuentro en mi móvil con cinco mensajes de grupos emitidos a través de WhatsApp:
1.       Ojo en los aparcamientos de los grandes superficies: te hacen oler un perfume que te desmaya y luego te “limpian”.
2.       Trump  es el chico de la película y no es tan malo: ha quitado la subvención estatal al aborto, ha promovido una marcha pro vida (con fotografía falseada) y el muro… ya lo empezó Clinton.
3.       No veáis los Goya, que es una espectáculo de  actores rojos.
4.       Ir a firmar para que las campanas de San Nicolás vuelvan a tañer ya que los “derechos” de los católicos están en juego.
5.       En una mezquita en Austria cuatro austriacos han disparado al aire y han hecho que el imán, en su entusiasta e inflamado sermón,  depusiera sus gallardías…

Mensajes que entristecen, trasmiten miedo, falsifican o deforman noticias, presentan actitudes negativas y reaccionarias… así que estoy pensando salir de muchos de estos grupos de WhatsApp.

Las campanas de San Nicolás

    

    Estos días ando recibiendo distintos wassaps de amigos que me invitan a pasas por cierto establecimiento cercano a la Iglesia de San Nicolás para rubricar en un pliego mi firma como protesta y petición de que no prohíban el toque de campanas desde el campanario de ese histórico templo que está en el casco antiguo de la ciudad de Valencia. No conozco los términos de la ley que parece ser prohíbe que se tañan las campanas que siempre desde tiempos inmemoriales se han oído. ¿Problema de contaminación acústica? ¿Molestias a los vecinos que en la mañana del domingo y después de la farra del sábado noche, quieren aprovechar la cama para  recuperarse de los excesos de vigilia?

Parece ser que hace unos años los vecinos del barrio de Velluters eran todos de edad mu y provecta. Acostumbrados a los arrebatos campaniles,  les ayudaba a marcar las horas de su vida diaria: los toque del Ángelus, la misa y la novena, el alborozo sonoro del anuncio de fiesta, etc. etc.

  Las campanas en la ciudad secular. Han cambiado las cosas. Hoy todos tenemos  relojes electrónicos que nos marcan las horas de nuestros trabajos y nuestros días, el toque de las campanas también se confunden con a algarabía de conversaciones, gritos y músicas de las terrazas en un barrio que por ejemplo los viernes y sabidos parece celebrar fiesta perpetua. También seguramente muchos jóvenes y familias que se han instalado en el barrio en la medida en que han  ido restaurando aquellas degradadas viviendas, que han perdido referencias de cultura cristina, se preguntarán para qué demonios sirven ahora las campanas


Así que el ayuntamiento, que parece preocuparse de estas verdaderas menudencias y que provocan malestar a bastantes vecinos parece empañados en organizar con la oposición pequeñas cruzadas que provocan provocaciones entre los vecinos más mayorers. Seguramente este ayuntamiento no tiene otros objetivos más altos para procurar que nuestra Valencia vaya a más. Yo por de pronto no pienso ir a firmar.