" El amor es un acto de fe
Y quien tenga poca fe
también tiene poco amor. "
No cómo, sino por qué
¿Por qué la cruz,
la sonrisa,
la herida profunda?
¿Sabes?
Está tan claro
cuando se ama….
Un poema del poeta polaco Jan Twardowski: Una crucecita para el camino
Pero aún hay más; al leer al profeta Isaías omite una expresión que los oyentes esperaban: en realidad en la profecía de Isaías se dice “a anunciar el año de gracia del Señor y el Día de la Venganza de nuestro Dios”. Esto último se lo come Jesus, lo omite, y entonces el auditorio se le echa encima y se pone sumamente nervioso. No entienden que el Dios que anuncia Jesús no puede ser un Dios de venganza y odio, sino de amor, que nunca puede alimentar el deseo de venganza y el rencor que, aunque sea justificado, se alimentan en nuestro interior.
Y Jesús no se calla ante la reacción hostil de sus vecinos. Adivinando lo que están pensando y escuchando ya los negativos comentarios sobre él, les acusa de tener el corazón cerrado. Así que la gente se arremolina, lo coge y arrastrándolo, intentan despeñarlo. Pero Jesús se zafó de los que lo andaban empujando (yo siempre pienso que también a tortas y puñetazos) y se alejó de ellos. Se alejó: porque el que odia, el que no tiene amor en el corazón obliga a Dios alejarse de su vida. Por eso se ha leído antes que el amor “no pasa nunca”, porque donde hay amor, allí está Dios.
Pero mira, sea lo que sea, hazlo de verdad, con hondura, con pasión. Que tu amor no sea una farsa. Pelea contra todo lo que es malo, lo que destruye o divide, y persigue lo bueno en el mundo, en la vida, en tu camino. Ten cariño a quienes te rodean, y también deja que otros te cuiden, pero, intenta querer a los otros más que a ti. No te descuides en la actividad que te toque. Y cuida tu vida interior, para dejar que el espíritu sea en ti fuego.
(Rezandovoy)
Esta foto me enternece y me llena de devoción y piedad. Hay muchos modos de adorar al Santísimo Sacramento. La mayoría de ellas se hace en medio de gran boato y solemnidad. Muchas flores, muchos ricos manteles, mucho humo de incienso… Muchas veces el culto eucarístico recuerda el exotismo y el lujo faraónico. Luego, la gente que va a adorar al Señor, presente en el pan consagrado de la Eucaristía, suele guardar posturas de adoración, hieráticas, que parecen casi serviles. El Jesús de la Eucaristía se les muestra como el dios poderoso, aterrador y lejano del Antiguo Testamento. ¡Que lejos, seguramente, de la voluntad de Jesús que se hizo pan cotidiano, familiar, cercano y sencillo desde aquella última cena!
Esta fotografía me la manda Fernando Pipo desde Facebook, un sacerdote portorriqueño al que yo tuve en la parroquia como seminarista y que es de San Juan donde está ejerciendo su cargo pastoral de cura párroco. No puede ser más entrañable y no puede estar más cercano de lo que es la verdadera adoración del Santísimo Sacramento. Observo primero una gran sencillez: mirad la mesa simple, el mantel normal en el que está colocada la humilde custodia que guarda el Santísimo Sacramento. No hay alfombras y los cirios encendidos pueden ser que estén encima del altar que casi adivinamos.
Las posturas de la gente ante el Santísimo son normales: alguien de rodillas o de pie. Otros sentados en el suelo. Pero lo más llamativo de la fotografía instantánea es el abrazo y el beso que una joven cogida de la mano de otra, le da al sacerdote, revestido con la casulla y con la mascarilla puesta. Es un beso cariñoso, como si manifestara el agradecimiento al sacerdote que hace posible, con su oficio y consagración, ese momento de intimidad y oración.
¡Qué gran ternura respira el momento! La escena parece una reunión informal de amigos. Ante el Señor sacramentado, el Señor del Amor, una muestra de cariño y de afecto entre las personas: eso es la Eucaristía. Pienso que Fernando Pipo, allá en Puerto Rico, según veo las noticias que me envía, está cumpliendo muy bien su oficio de pastor, de sacerdote.