Mostrando entradas con la etiqueta Silencio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Silencio. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de mayo de 2021

BARROTES Y CÁRCELES

 

Barrotes y cárceles

Leyeron en el tribunal la sentencia de su condena y tronó la voz del juez diciendo: «¡Diez años de cárcel!». Y después: «¿Tiene algo que decir?». El reo se sonrió ante el estupor de los presentes en la sala. Después dijo con sonrisa tranquila y feliz: ¡»Voy a disponer de diez años para aprender a tocar el arpa en los barrotes de mi celda!». 

¿Cuánto tiempo necesitaré yo para saber que también los barrotes,  que mi vida encierran, me pueden hacer feliz?

jueves, 30 de abril de 2020

NO AMANEZCAS MÁS, DÍA



No amanezcas más, día.
Detente y párate aquí, 
en esta aurora enrojecida
que luego se vuelve rosa.

Quédate así, 
con tu desnuda luz blanca 
y con el rocío que palpita 
en la brizna de las hierbas,
y el temblor de sus lágrimas. 
Que no despierten los pájaros
en el estrépito de la luz, 
y, quietos y enmudecidos, 
permanezcan en las ramas.
Deja que gima la hierba 
porque se desvanece el rocío.

No llegues a la hora meridiana
ni al lubricán melancólico
que para mí ya es suficiente.
No amanezcas más, día.

jueves, 16 de abril de 2020

LOS RUIDOS DE LA CALLE


Los ruidos de la calle

Cuando hace más de un mes, vivíamos una vida normal, muchos de nosotros nos quejábamos  de que la calle es una fuente continua de ruidos. El tráfico de coches. el trasiego de la gente, los niños yendo y retornando del colegio, los que hablan a gritos, los ruidos de los camiones de carga y descarga… Contra esos ruidos nos protegemos con ventanas insonorizadas, haciendo vida en las habitaciones de atrás etc. Pero el estado de alarma y confinamiento ha hecho que nuestras calles, especialmente en las grandes ciudades, enmudezcan. Y ahora os da la sensación de que tanto silencio nos altera y que incluso las calladas calles nos amedrentan -el aplauso de las ocho parece una alegre algarabía-. Después, el silencio hace que nos duelan hasta los oídos.

Esta mañana, sin embargo, los ruidos de las obras vecinas de un solar que están edificando  al lado de donde vivo, me han despertado gratamente a las 8:00 de la mañana, cuando yo antes despotricaba porque me interrumpían el mejor sueño.  Los ruidos me han sonado a arpegios de instrumentos celestiales: el poderoso sonido de la máquina excavadora, los pitidos intermitentes de aviso de precaución de los camiones, el zumbido potente de las poleas de la grúa, el grito de los obreros dándose órdenes e instrucciones… ¡La vida cotidiana con sus sonidos, sus estrépitos y ruidos que parecían retornar, me sabían a dulces melodías! Esa vida cotidiana que tanto estamos echando de menos… Aunque no nadie sabe cuándo regresará,

miércoles, 3 de octubre de 2018

ESCUCHA A DIOS



Escucha a Dios.
Pon tu oido cerca de su boca
que él habla quedo.
Puede ser un murmullo, un rumor, un susurro.
Aunque algunas veces su voz pueda ser un trueno,
hay siempre que estar atento.
Como una liebre, salta de improviso.
Escucha a Dios
y aprenderás a oír a los hombres.

                               (De mis meditaciones matutinas)

domingo, 24 de junio de 2018

LA BUENA NOTICIA DE MI DOMINGO: JUAN BAUTISTA



Confundida con los ritos del equinoccio de verano -fuego y agua, sol orgulloso-, la figura colosal de Juan el Bautista el hijo de Zacarías -puro grito, inhóspito desierto, conversión y alarma- emerge como un gigante en medio de lasitud y la molicie del verano que llega.

Juan Bautista resume todo que es el Antiguo Testamento. El pasado de promesa y esperanza de ayer que se actualiza en el hoy y el futuro que trae Jesús. ¡Su firmeza, su austeridad hacen tanta falta en el cómodo mundo cristiano en el que se vive hoy!


Juan Bautista nos recuerda el silencio que hay que guardar sobre lo esencial. Es una flecha dirigido hacia el centro de la diana de la fe cristiana.

miércoles, 28 de marzo de 2018

UNA FORMA DE VIDA QUE ENVIDIO


Aprovechando unos días de estancia de descanso en Soria, hace dos domingos visité el monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos en la provincia de Burgos. Hacía exactamente años que estuve en ese pueblecito de Burgos. Como siempre qué prendado de su belleza, de su silencio, con la sensación de estar cerca de lo más esencial y hondo,  en definitiva, de Dios.

Salimos aquel domingo pronto de la ciudad de Soria y en una hora llegamos a tiempo de participar en la Eucaristía de los monjes que celebran con una liturgia cuidadísima, limpia y llena de sobriedad. Era Quinto Domingo de Cuaresma y los textos litúrgicos bellísimos fueron cantados, cómo no, con la mejor música gregoriana. A mí y a mis amigos, nos hacía subir al cielo.

Personalmente de la experiencia de estar en Silos no me atrae muy fuertemente ni el gregoriano, ni su sublime liturgia, ni el maravilloso claustro románico del monasterio. A mí me llama poderosamente la atención y me gustaría tener vocación y actitudes para ello, la vida que los monjes realizan en el monasterio. Ese silencio sobrecogedor que pareces "escuchar", la vida callada y ordenada
puntualmente por un horario fijo y sin alteraciones, donde el tiempo fluye al mismo ritmo que el corazón humano y que hace posible la oración constante y continua en comunidad y en privado en combinación con el trabajo sin agobio y bien realizado. Son muchas las cosas que admiro de esa vida de los monjes, pero para las que no me veo con vocación. Aunque aquí y ahora yo tenga una vida tranquila y en cierto modo ordenada, las interferencias y distracciones ya son un habito indeleble en mi vida.

Y no hablo de memoria, imaginando algo que no conozco. Cuando era un cura más joven, tenía por costumbre irme siempre en primavera de retiro de una semana en dicho monasterio. Fueron unos seis años seguidos,  donde me paseaba horas y horas en oración y lectura por el precioso claustro románico, cuando desaparecían los turistas. Los monjes me acogían en su propio edificio y convivía con ellos, en el refectorio, en la Eucaristía, en el canto de las horas.Allí  era uno de ellos. Pero claro, una cosa era vivir en ese maravilloso orden y disciplina  durante seis días y otra bien distinta estar no sólo una año, ¡sino toda la vida!

Me consuelo a los monjes Dios le ha dado esa vocación admirable ya fuerza de pruebas. También otra: ser cura en medio de la barahunnda de la vida.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Que me ha enseñado Taize

"Os ofrezco aquí el último artículo dedicado a Taizé que he escrito con ocasión del encuentro de Valencia. En él describo que me ha enseñado Taizé que he seguido y sigo aplicando en mi vida.



QUÉ ME HA ENSEÑADO TAIZÉ

He de confesar que en un principio fui reacio a ir a Taizé, muchos amigos me decían “Hay que ir… debes ir… te gustará” lo que producía en mi un efecto rechazo que me quitaba las ganas de acercarme a ese lugar. Sin embargo, a los veinticinco años decidí viajar solo a esta pequeña aldea de la Borgoña francesa para pasar una semana en silencio (alguien que conoce muy bien la comunidad me dijo que esa era la verdadera manera de descubrir Taizé) e intentar responder a algunas cuestiones que me preocupaban en aquel entonces. Mi primera sorpresa llegó cuando me dijeron que no pensara en nada, que debía alcanzar el silencio interior, que si reflexionaba, si hablaba conmigo mismo, si intentaba darme respuestas, el ruido producido por esta actividad no sería un verdadero silencio. En un primer momento no comprendí esto ¿Cómo voy a resolver mis problemas si no pienso en ellos? La respuesta era sencilla, “la oración en silencio supone eso: parar, dejar un hueco, un espacio en el que el Espíritu pueda alojarse para que sople sobre nosotros mostrándonos la senda que debemos seguir. Taizé no es el lugar para resolver los problemas, estos deben solucionarse en casa, sino un espacio privilegiado en el que podemos vaciarnos para que Dios se introduzca en nuestro interior y oriente nuestra marcha hacia nuestra propia felicidad y la de los demás”.

Tal vez esto ya sea una enseñanza lo suficientemente valiosa para un cristiano y justifica por si misma la existencia de esta comunidad: aprender a orar a través del silencio interior, no predeterminar al Espíritu con nuestra verborrea sino abrirnos con humildad a su presencia, eliminar los ruidos interiores en los que vivimos constantemente… Sin embargo, Taizé no me ha mostrado solo esto. La segunda gran enseñanza que he aprendido comenzó a dibujarse en mi mente cuando fui asimilando el carácter ecuménico de la comunidad ¿Cómo pueden convivir distintas ramas cristianas sin problemas? ¿Qué nos permite orar juntos mientras en algunos lugares todo son problemas entre distintas confesiones? La respuesta llegó pronto: en esta comunidad se atiende a lo esencial, se busca la simplicidad, lo común que nos une a todos ¿Y qué es lo esencial? La fe en Jesucristo que es amor; y si lo importante es el amor, lo accesorio será positivo y válido en la medida que nos lleve a este y negativo en la medida que nos aleje de él. ¡Cuán diferente sería nuestra vida de cristianos (y de cualquier persona) si nos centrásemos en lo importante y olvidásemos matices y teorías que solamente sirven para discutir y separarse!

La tercera cuestión sobre la que quisiera incidir la describía un amigo mío de un modo muy gráfico, “en este lugar te pones blandito” y así es. Todo en Taizé ayuda a ser bondadoso, a colaborar con el de al lado, a sacar lo mejor de uno mismo. No se trata de una imposición sino de un contagio, el ambiente que se crea hace que sea más fácil comportarte así que de otro modo, actos que en otros lugares serían ridículos e impensables, surgen aquí de un modo espontáneo. Todo ello a pesar de que la comunidad tiene sus problemas y defectos (como todo conjunto humano) y de que no es, ni mucho menos, perfecta.

Ahora tenemos una oportunidad única para poder vivir esto en Valencia. Creo que es algo que debemos aprovechar porque difícilmente se volverá a dar una ocasión como esta en un futuro cercano. Un encuentro como este tiene muchas más cosas que aportarnos de aquellas que he indicado hasta ahora: unas oraciones sencillas pero ricas, una experiencia de fraternidad desde el trabajo común, unos cantos cuidados, una atención preferente a los jóvenes, una fe vivida desde la alegría y la esperanza, el encuentro con personas de diferentes países que también viven la fe como nosotros, etc. En un entorno en el que los cristianos somos minoría, tener la oportunidad de compartir y orar con cristianos de otras confesiones nos va a enriquecer a todos. Conocer la potencia del amor para ofrecer una alternativa de esperanza al mundo de hoy es algo que no podemos dejar pasar".

De El blog de Enric Frechina