Os invito, amigos a la presentación de mi libro, donde hablaremos de poesía, de libros y otras cosas...
Os invito, amigos a la presentación de mi libro, donde hablaremos de poesía, de libros y otras cosas...
Pero ahora los jardineros del ayuntamiento están podando sus ramas, dándoles formas geométricas, redondeadas y evitando que éstas crezcan hacia arriba y estimulen las ramas laterales para que así den más sombra a los viandantes. Pobres árboles, que seguramente nacieron para crecer, según les pida su natural desarrollo, y sin duda desean realizar lo que su naturaleza pide, pero los están domesticando. Pasa igual que con nosotros los humanos siempre burlando a la naturaleza.
Esta mañana mi oración ha sido por escrito y me ha salido una larga carta a Dios. Transcribo para vosotros su principio:
¡Cuántas veces, Señor; oímos que te haces fuerte en nuestra pobreza, en nuestra debilidad, en nuestros fracasos, en nuestros miedos, en nuestras humillaciones, en nuestras soledades, en nuestras dudas!
Tú viviste ese miedo, ese fracaso, ese dolor, ese sufrimiento, esa soledad.
Sé que tengo que tener esperanza pero a veces, Señor, el dolor de la vida me puede, y me encuentro débil, pobre y fracasado, humillado, solo y encima, sin ti.
Sí, Señor, a veces quiero ver y no me doy cuenta de nada, de nada de lo que hago, el daño que genero, de que mis manos aplauden lo que mi alma desprecia. Quisiera ver el sentir de la gente que me rodea y antepongo mi ego al suyo. Señor, no sé por dónde, no veo nada; pero a veces siento frío, mucho frío… Sé que he de fiarme de ti, pero estoy helado, no encuentro ropas para seguirte, y no oigo tu voz que me consuela, ni siento tu mano que me acaricia...
No es “El indomable Will Hunting”, una película perfecta, pues tiene algunos despistes de guión y disgresiones que distraen de lo central al espectador, incluso con alguna secuencia equivocada. Pero sÍ es una película que nos provoca entusiasmo e ilusión de vivir por cuanto narra una historia de crecimiento personal, salpicada de cierto humor erótico pasado de gusto, muy al estilo de Gus Van Sant, su director.
Will Hunting es un chaval dotado portentosamente para las matemáticas. Vive feliz con un trabajo sencillo y unos amigos fieles y un pasado delictivo. Obrero de la construcción, fregasuelos de los pasillos de la Universidad de Harvard.Un día, se descubre casualmente esa enorme y genial facilidad para descifrar teoremas matemáticos y sus profesores intentan que dé un rumbo a su vida errática, anárquica y libertaria.
Lo mejor de la película es el encuentro entre los dos personajes principales, el terapeuta y el joven que no quiere plantearse el futuro de su vida. Es el encuentro, además de dos grandes actores, uno que empezará en aquel entonces a ser una promesa y que después la ha cumplido, el joven Matt Damon y el veterano cómico Robin Williams, en un papel muy parecido al que interpretara en “El club de los poetas muertos”.
El filme brilla sobre todo en algunos momentos, y es inolvidable la secuencia, al principio de la película, del diálogo-monólogo que tiene Robin Williams con Matt Damon en el banco de un parque junto al lago, convertido ahora en lugar de culto para los admiradores del llorado Robin Williams. Vivir, ser libre, elegir tu propio destino y amar, esas son las cuestiones, pero, sobre todo, amar.
El sábado 26 de abril del año pasado me desperté con la triste noticia ya esperada de que el Papa Francisco había muerto. Lo lloramos todos los cristianos. No, -¡corrijo, todos los hombres¡- pues habíamos perdido a alguien muy querido: Un padre y, además, un gran líder (con lo carente que anda el mundo de ellos). El domingo pasado fue el “Domingo del Buen Pastor”. Esa fue la mejor definición de este papa: el buen pastor de la gente normal.
Francisco nos enseñó a todos unas grandes lecciones que parecía que la Iglesia había olvidado: la sencillez, la cercanía, el sentido del humor, y sobre todo el abrazo abierto a todas las personas sean de la procedencia que sean y como sean. Nos dijo algo tan inolvidable y tan sencillamente obvio y tan evangélico como que la Iglesia ”es de todos, todos, todos”
De esto ahora hace un año, y es un tanto penoso que algunos crean que su herencia ya por el transcurso del tiempo, se ha olvidado o se ha perdido. El Papa León XIII, que le ha sucedido, o lo cree así y no lo está recordando constantemente. El sigue muy bien la huella imborrable que dejó el Papa Francisco. Con más relajamiento, más tranquilidad, empeñado también en esa reforma, que tanto necesita nuestra Iglesia.
Mi cariño, mi admiración, mi agradecimiento por el Papa Francisco quieren estar encerradas en estas sencillas letras. ¡Gracias por querernos tanto!
He comprado muchos libros en mi vida y sigo comprándolos a veces en las pequeñas papelerías que hay en mi pueblo de Lliria, con la buena intención de colaborar en el mantenimiento de estos pequeños negocios que también están en transformación. Esta mañana pues, bien temprano me he acercado a la librería CITY BOOKS en la que me siento como en casa para comprarme y regalarme un libro.