Escribía ayer sobre los premios Goya y destacaba de entre ellos la película Cirat. Creo que es una película muy importante que no puede quedar olvidada en la distribución de los premios Goya.
Una película muy dura, que necesita una actitud muy activa del espectador. El filme te transporta hacia una especie de viaje sin retorno, en donde no hay a qué aferrarse. La película al final para el espectador se convierte en una experiencia de espiral de la nada, de la absurdo. Porque el director ha sabido muy bien plasmar la situación social y humana en la que se mueve la juventud de hoy, pero no solo los jóvenes, sino también todos los que estamos viviendo los sucesos tremendos que están ocurriendo en nuestro mundo.
Cirat, es una película que está muy bien estructurada en sus tres partes canónicas: el prólogo y el planteamiento: la locura de las fiestas musicales en los descampados, que organizan los jóvenes y la búsqueda de una muchacha perdida por un padre y su hermano que la buscan. En su segundo tramo se nos muestra el doloroso y difícil camino por el desierto de Marruecos y en su final la película acaba de un modo inesperado y sorprendente.
La interpretación de Eduardo Fernández, como el padre que busca la hija y la música que acompaña al filme de un modo obsesivo y apabullante, son otros de los logros de esta película, que, a pesar de todo, no dejo de aconsejar.