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lunes, 28 de mayo de 2018

UNA CIERTA Y GRANDE VERGÜENZA


No sé si esta expresión de una cierta vergüenza ajena que utilizo es suficiente para indicar mi rabia, mi estupor, mi furibundo enfado por estas cosas que están pasando con tan abrumante  frecuencia en este mío (y vuestro) país. ¿Cómo tener ilusión y esperanza en aquellos que nos las tiene que contagiar, que son los que llamamos nuestros líderes. Esos  a los que se se les llena la boca de promesas, de reformas, y que se escudan en la garantía y seguridad de que han sido elegidos para que nos representen? 

Tendré que  pensar que es sólo cuestión de ciertos políticos, que aún quedan líderes públicos llenos de honradez y buenas intenciones? Ni quiero ni puedo aceptar que esa podredumbre hipócrita se dé también en el resto de esta nación que todos tanto queremos.


El PNV que nos regala las pensiones a cambio de unas suculentas ventajas para el País Vasco (¿más aún?), las descubiertas desvergüenzas del PP con la sentencia de Gürtel, Zaplana y los Cotinos en chirona, el chaletito de la pareja alternativa y anticapitalista de los líderes de Podemos, las ambiciones presidenciales de PSOE, el tactismo y oportunismo de Ciudadanos… todos parecen competir y compartir los asuntos más vergonzosos. ¡Que bochorno, papi!

jueves, 12 de abril de 2018

AY, CATALUNYA



Hojeando acá y allá en las obras de Jorge Luis Borges las pagina escritas de este escritor maravilloso, me topo en su libro “Los conjurados”, con un relato breve en palabras pero largo en sus referencias y profundo en su discurso donde solapadamente con símbolos, metáforas y parábolas habla del enfrentamiento entre ingleses y argentinos que  hubo en la dictadura militar  a raíz de lo de Las Malvinas.

Yo quiero aplicarlo a lo que está a pasando en Catalunya y cambiaría su titulo por el de Jorge y Jordi. Pero mejor, leedlo tal cual, y luego permutar unos nombre por otros, y por analogía algunas de  sus situaciones. 

“Juan López y John Ward
Les tocó en suerte una época extraña.
El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras.
López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote.
El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte.
Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.
Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.

El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.”

viernes, 27 de junio de 2014

Rezar por el rey





Esta semana pasada, en la Misa, he rezado públicamente por el rey Felipe VI. Ha sido una orden de nuestros obispos. Se me hace muy raro. En las llamadas “Preces de los fieles”, he pronunciado una petición por el nuevo rey. Pero me sentía un poco incómodo: en la formulación improvisada de la petición pues no la tenía escrita, no me salían bien las palabras. ¿Por qué?

No creo que sea por mi indecisión político-ideológica entre las bondades o inconvenientes de la república o la monarquía. Seguramente debe ser por la concreción del nombre de la persona por la que se pedía. Pero pienso que puede ser por una ingrata influencia que mi generación lleva seguramente sobre los hombros: el recuerdo de la dictadura del general Franco.

En los tiempos del dictador, en  todas las misas, primero en latín y luego en castellano, al recitar la primera oración, que llamamos colecta, se añadía una coletilla llamada: "Colecta et fámulos" donde había que nombrar a Francisco Franco. “Ducem nostrum Franciscum, cum populo suo et exercitum" o sea,  ¡“por nuestro Caudillo Francisco, con su pueblo y su ejército”!
¡Ay del cura que no la decía!: se le trataba y denunciada como rojo, judío, masón. El obispo le podía echar una gran amonestación. Eran tiempos de un matrimonio de gran intimidad entre la Iglesia y el Estado.

jueves, 19 de junio de 2014

Banderas de nuestros padres




"Banderas de nuestros padres" es el título de una excelente película de Clint Eastwood que contaba un episodio ocurrido en la segunda guerra mundial, se ponía en solfa el heroísmo oficial  y giraba alrededor de un tema conocido en la cultura de los  norteamericanos y el culto y veneración que éstos profesan a la enseña nacional: la bandera de las barras y las estrellas.

En efecto si uno viaja a Estados Unidos, podrá contemplar la abundancia y profusión de la insignia nacional que preside todos los edificios, decora todas las calles, y ondea en la puerta, incluso, de muchos hogares norteamericanos. Si se viaja por Francia,  la bandera tricolor se contempla en muchísimos sitios y lugares, incluso dentro de los templos.  El 14 de julio, fiesta nacionalizan esa, las banderas parecen multiplicarse.

Todo lo contrario de lo que ocurre en nuestro país, España. Hoy, por ejemplo es un día patriótico nacional de los más importantes de esta época: no se proclama un rey todos los años. Lo normal hubiera sido que en los balcones y ventanas de los edificios de cada ciudad hubiera ondeado la bandera roja y gualda. ¡La que hubieran organizado yankees y gabachos en su país!

Esta mañana en mis caminatas por el barrio he visto escasísimas -con los dedos de una mano se pueden contar-, insignias nacionales. Y no sé si estas estaban puestas para animar a nuestra fracasada selección nacional de fútbol, o en honor de nuestro Rey Felipe VI.

No sé si es la inercia de otros tiempos de la dictadura y represión franquista donde nos enseñas nacionales eran muchas veces impuestas a sangre y fuego. ¿todavía nos dura la reacción?