El sentido de la muerte del Señor no es el conformismo de Dios.
Jesús asumió con su muerte la de todos los culpables e inocentes del mundo, sus sufrimientos y dolores.
¡Dichoso y redentor Viernes Santo!
Jesús asumió con su muerte la de todos los culpables e inocentes del mundo, sus sufrimientos y dolores.
¡Dichoso y redentor Viernes Santo!
Ya pasó la Semana Santa. En algunos lugares de España las gotas de la persistente lluvia se han disuelto en las lágrimas de muchos cofrades. Algunos lloraron con fe y devoción pero supongo que otros sencillamente porque se les había aguado la fiesta. Ya pasó la Semana Santa, ¡uuf!
¿PARA QUIEN ES VIERNES SANTO?
La mano que cierra piadosa los párpados del moribundo que ha muerto.
El grito del enfermo que delira: “¿Por qué me has abandonado?”.
La casa que se derrumba bajo una bomba en Gaza.
El hombre que anda pensando en el suicidio.
La oscura soledad de un anciano que vive solitario.
El muerto que yace oculto entre piedras y matorrales.
El que cae en la más honda depresión: “ Todo se ha consumado”
Aquel que ni siquiera siente la compañía de Gamaliel, su ángel confortador.
La muchacha, que es brutalmente violada en el portal de su casa.
La madre, que camina al cementerio a poner flores en la tumba de su hijo.
El moribundo que musita: “En tus manos encomiendo mi espíritu”.
El aria de Bach: “Erbarme dich, mein Gott” (Ten piedad de mí, Dios mío”)
El que escucha como un susurro: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”
Juan Huélamo, a mi lado, con Ximo y Enrique.
La semana pasada falleció Juan Huélamo, un amigo personal de cuya amistad pude disfrutar cuando estuve de párroco en el Cabanyal. Colaboró eficaz y constantemente y día a día, con la Parroquia de los Ángeles. Era un hombre muy sencillo pero muy generoso. La Semana Santa Marinera era para él su gran amor.
Estaba siempre presto a arreglar tanto “un roto como un descosido”. Fue Presidente de la Junta Parroquial de la Semana Santa de Los Ángeles durante muchos de los años en que yo fui párroco. Y sus años de Presidencia no fueron simplemente por buscar el brillo de un cargo, sino como un servicio constante a todos. Aunque en estos últimos años su salud era muy precaria, siempre lo recordaré como ese gran amigo callado y silencioso que estaba dispuesto siempre ayudar.
Por eso quiero que quede constancia en este mi blog, ahora que lo he abierto de nuevo, de esta persona que en el silencio y la sencillez, pese a sus contradicciones -y quien nos las tiene?- pasó haciendo el bien. Descanse en paz y que desde la otra Orilla donde estará, interceda por nosotros.
Creer en Jesús de Nazaret que resucitado vence a la muerte para siempre es el primer objeto de la fe cristiana. Todas las demás cosas que creemos en el cristianismo nacen de esto primero.
Como acto de fe es algo que no es evidente, totalmente indemostrable por la razón.
Los discípulos creen en Jesús resucitado, sin haberlo visto antes materialmente resucitar. El famoso cuadro de Mantegna en donde aparece Jesús de pie sobre la losa movida de un sepulcro y a sus pies los soldados durmiendo, es una bella representación imaginaria de Jesús que nadie vio.
En cierta manera, la resurrección de Jesús es la reflexión anterior que hacen los discípulos sobre lo que él ya les había prometido: que después de muerto, resucitaría al tercer día. “Si Jesús dice siempre la verdad y cumple siempre su palabra, sin duda entonces su promesa se ha cumplido: ha resucitado” sería la conclusión de aquellos primeros discípulos. El objeto de la fe cristiana no es una tumba vacía sino el testimonio de aquellos primeros seguidores de Jesús que sintieron la experiencia, primero personal y luego en grupo (constituyendo Iglesia), de que el de Nazaret seguía vivo entre ellos y que les alentaba a mirar hacia delante para vivir sus vidas. Así lo sintieron María Magdalena, aquellos dos caminantes de Emaús, Juan y Pedro y luego todos los demás. Dieron un paso adelante, hicieron la puesta de la fe.
Así sintieron la presencia viva de Jesús y así también nosotros la volvemos a sentir. La resurrección de Jesús no ocurrió allá por el año treinta y tres de nuestra era. Ocurre también en 2022, aquí ahora, entre nosotros. Por eso nuestra gran alegría.
¡Feliz Pascua de Resurrección a todos!
El día después: Sábado Santo.
El sábado fue el séptimo día en el que Dios descansó después de haber hecho todo este mundo. Seguramente, sentado en su sillón de nubes Yahvé se puso a pensar en las cosas que había hecho. Vio que todo estaba muy bien y así que descansó muy a gusto. Pero hay otro sábado, éste de hoy, al que llamamos santo.
Después de todas las cosas que pasaron en Jerusalén el día anterior, los discípulos de Jesús, sentirían una gran sensación de desfondamiento, como si tuvieran la mente en blanco: eran demasiado fuertes las experiencias que habían vivido. Así fue su otro día después: aturdidos, confusos, también guardarían un gran silencio en su corazón. Se mirarían unos a otros casi con extrañeza porque vivieron como fugitivos dispersos y escondidos en aquel Viernes Santo, sobrecogidos por el miedo, el temor, y la decepción. Ahora se sienten a la intemperie
“¿Donde estabas, donde te escondiste?” Se preguntarían al encontrarse. Sólo Juan, el discípulo amado, como dice el evangelio, estuvo al pie de la cruz… ¡Y las mujeres! Sólo ellas supieron reaccionar. Ellas fueron las primeras que se encontraron a Jesús el crucificado, vivo. Eso fue lo que ocurrió verdaderamente el día después. Después del mal sueño, de la pesadilla, despertaron a la luz y a la vida.
En este día en que recordamos que Jesús murió en la cruz, parece resonar en nuestros oídos las pocas palabras que Jesús pronunció en sus últimas horas. Fueron siete gritos, exclamaciones, frases muy breves que Jesús pronunció. El resto es silencio.
El Viernes Santo es el día en que se hace presente en toda su bravura la violencia que puede producir el hombre. Crueldad, humillación, sangre: toda la negrura que puede almacenar el alma humana descargada sobre un inocente.
Y a un lado y a otro y estamos nosotros. Incrementando el dolor y el sufrimiento con nuestra mentira e injusticia. Pero también está al otro lado que es de la inocencia, está Jesús de Nazaret, con sus terribles consecuencias. Jesús fue inocente de todo ello, y cargó con ese pesado fardo para indicarnos que es totalmente posible, pese a nuestras cargas, andar el camino que conduce a Dios.
Ante la Violencia con mayúscula y nuestras pequeñas de violencias, Jesús guarda silencio, solo camina, naturalmente hacia el Calvario.
Jueves Santo nos recuerda el inmenso sacrificio de Jesús de Nazaret, mártir del amor que entregó su vida en un mundo más justo donde reinara la paz y la justicia. Nosotros recibimos el encargo: hemos de ser hombres de paz justos y libres para hacernos acreedores de tal herencia.
Servir a los demás, entregar nuestra vida por los otros, y querernos como verdaderos hermanos, eso es celebrar el Jueves Santo.
HOY, JUEVES SANTO, en la parroquia de San Antonio de Padua celebración de la eucaristía a las 19 horas y luego a las 22, Hora Santa. Estáis invitados.
Después vendrá la alegría de la Pascua. Aquí tenéis pues el horario de los distintos actos que se celebrarán en la parroquia
Hoy es jueves santo. En la ciudad, que no es festivo laboral, se nota porque la gente parece andar más deprisa, con deseos de acabar sus faenas, para terminar antes y tomar fiesta y sosiego. Los albañiles recogen todos los cachivaches esparcidos durante la semana pues van a tener unos días de descanso. Las tiendas tienen sus estantes casi vacíos, han vendido las provisiones para estos días de cierre. Los niños no se ven por las calles en su trasiego del colegio a casa o de casa al colegio.
Y por la tarde las iglesias van abriéndose poco a poco para acoger a los fieles que acuden vestidos con sus mejores galas. El resplandor de la tarde tibia y brillante se cuela por la puerta de los templos. Éstos parecen habitados por una luz especial y por sus vidrieras lucen dorados reflejos.
El jueves santo los cristianos recuerdan el amor de Cristo a todos los hombres, celebrado en medio de la nostalgia de sus últimas horas. Jesús se va y sabe que va a ser trágicamente y barrunta que va haber unas horas muy amargas en donde él no sabrá casi ni dónde poner la mirada. Su corazón, latiendo con fuerza, se despide de sus amigos y les da los últimos consejos, la última voluntad, lo que mejor que el posee: amor que rebosa en su corazón.
Hoy es jueves santo y quizá para mí el mejor día de la semana santa. Respiro un aire suave y armonioso que equilibra y modula los sentimientos de mi alma. El recordatorio de que sin amor todo es muy difícil y que junto a los otros que son mis hermanos solo el amor es posible me acompañan.
Es muy natural y hasta conveniente que haya enfrentamientos entre los distintos puntos de vista que se realizan sobre un asunto (aquí, la Semana Santa) que todos aman, sienten, les ayuda a vivir su fe de creyentes en Jesús de Nazareth, el Resucitado, pero que también, les preocupa y puede contrastarse en diferentes opiniones. Los sables y desacuerdos no deben hacer saltar la sangre sino que con el diálogo y la tolerancia, se ha de que crear un ámbito positivo para solucionar los problemas, ¡por muy grandes que sean!
Aún más gente, desde las abarrotadas
aceras, contempla en sosegado y ceremonioso paso de las cofradías como el
espectáculo visto desde las barreras de las plazas taurinas. No se implican, no
se conmueven, sólo ven, que no contemplan, con ojos de turista. Entretienen el
hambre o la sed con el bote de refresco en las manos, masticando pipas,
mientras delante transita lo sublime.
Hoy se ha proclamado el llamado Pregón
Oficial de la Semana Santa Marinera en el templo de la Parroquia de Nuestra Señora
de los Ángeles. Pero, para anunciar tales eventos, cada año sepublica además de
un libro oficial, con programaciones y artículos, un cartel anunciador que se
reparte para colocarlo en los lugares estratégicos del barrio (comercios,
bares, iglesias…).