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sábado, 31 de octubre de 2020

CON HUMOR, PESE A TODO

 


Publicado hoy en EL PAÍS, y perdón, por ser tan tétrico. Y para paliarlo -o quizá no-, una reseña breve de cinco películas sobre la muerte y sus súbditos que somos nosotros. 

La muerte cansada ( o Las tres luces) es una bellísima película muda dirigida por Fritz Lang en 1927, con las sombras y luces del expresionismo alemán.

La muerte en vacaciones  (1934) dirigida por Mitchel Leissen. Es un clásico lleno de romanticismo y poesía que se intentó versionar de nuevo en un soso y tonto remake: ¿Conoces a Joe Black?


El séptimo sello (1957) de Igmar Berman: todo un clásico que curiosamente recuerda la situación de pandemia de hoy. Allí era la peste negra en pleno medievo. Fue la película que me "convirtió " en un cinéfilo.

Vértigo o también titulada De entre los muertos. Alfred Hitchcock, el maestro del suspense, realiza en su plena madurez (1958) una obra maestra  que nos introduce en una historia llena de morbosa profundidad en donde una vez más el amor y la muerte van de la mano.

El sexto sentido (2000) dirigida por M. Night Shyamalan. Es una película con trampas en el guion pero que funciona muy bien. Pega muchos sustos y sientes mucha pena por el niño que dice que "a veces veo muertos"




viernes, 30 de octubre de 2020

NOCHE DE MUERTOS, NOCHE DE HALLOWIN


 Cada año, cuando se acercaba el Día de Todos los Santos y también el Día de Difuntos, (dos días que no hay que confundir porque son distintos) éste que escribe, montaba en cólera por la influencia cada vez más fuerte de la moda de celebrar esta fiesta al estilo más puro de los Estados Unidos de América. (Leed, si queréis, mis primeras entradas en años consecutivos cuando llegaba esta efemérides). La noche de Hallowin empezaba a desplazar a las tradiciones no muy fervorosas del día de Todos los Santos y del día de los Fieles Difuntos o de Almas. Entre uno y otro estaba la noche del miedo, de fúnebres entretenimientos. 


Por la tarde se visitaba el cementerio y los niños veíamos a nuestros mayores poner flores y llorar. A mí el cementerio me causaba gran respeto y me encogía el corazón. Cuando salíamos de él, mis padres me compraban un cucurucho de castañas asadas. También en la velada de la noche, junto al fuego del hogar, se asaban las castañas cuyo aroma inundaba toda la casa. No había televisión, y sentados alrededor del fuego, que contemplábamos hipnotizados cómo sus brasas cambiaban de intensidad y el humo subía por la chimenea haciendo caprichosos dibujos, nos disponíamos a escuchar los cuentos de miedo que además solían ser siempre los mismos.


Estos cuentos eran narraciones muy populares que buscaban meter miedo a los críos y asustarlos, cosa que a ellos siempre les encanta. Invocaban fantasmas y espíritus vagabundos que se hacían presentes a través de silbidos provocados por el viento, ruidos de crujidos de las maderas, golpetazos de alguna ventana mal cerrada, chasquidos de alguna gotera de los grifos. Algunos quizás más cultos leían a Poe o Lovecraft o las leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer que ponían los pelos de punta: “Maese Pedro, el organista “, “El monte de las ánimas “…



Ahora esas costumbres han sido prácticamente olvidadas y el estilo Halloween ha inundado colegios, comercios, casales falleros, y otros locales que ahora por causa de la pandemia están cerrados. Yo también y ahora, ya no me enfado en absoluto por la yankización (perdón por el palabro) ni despotrico contra tales e inocentes costumbres. Sigo pensando que no es lo nuestro, que muchas veces se extralimita y pisotea el buen gusto. Pero en el desquicio de la sociedad en la que vivimos, esto más parece una tontería que otra cosa. Nosotros con nuestras mascarillas por la calle ¿acaso no parecemos muertos vivientes?


Así que yo en la Noche de los Muertos que es entre el 1 y el 2 de noviembre, seguramente veré a la muerte en mi película favorita: “El séptimo sello “. Y antes leeré a mi siempre admirado Gustavo Adolfo Bécquer. Así que feliz Hallowin, feliz Noche de Muertos..


viernes, 4 de noviembre de 2016

Carta a mi amigo Jose María sobre las cenizas de los muertos


Contesto, José María, a tu email donde hablas de los conflictos que se pueden crear en este asunto que ha despertado la Iglesia sobre las cenizas y enterramientos de muertos.  Tengo una opinión parecida a la tuya a raíz de ese documento del Vaticano que habla sobre dónde se deben guardar las cenizas de nuestros muertos. A mí me preocupa esa intervención del Vaticano porque incrementa y aumenta ese sentido de exclusión para los que no cumplen los requisitos marcados por la Santa Sede y que pueden hacer que aún más se alejen de la iglesia, es decir del pueblo de Cristo.
Es verdad que algunas veces el depósito de cenizas en ciertos lugares puede convertirse en un gesto vanal, vulgar y por tanto, poco respetuoso.

Yo he visto allá en el Santuario del Rocío, un reguero de  de cenizas funerarias vertidas en las arenas que  rodean el Santuario. Cenizas que han sido pisadas, manchadas por restos de basuras e incluso y con perdón, ensuciadas y mezclada por los orines y deposiciones de los caballos. Igualmente, también le ayuntamiento de Almonte para evitar la polución que pueden provocar las cenizas que se viertan en las aguas de la bella laguna-marisma que rodea el santuario, construyó una especie de altar-depósito- contenedor para verter allí dentro las cenizas de los rocieros muertos, mezclando las unas con otras.  El curioso contenedor está ahora  prácticamente abandonado, sucio y con aspecto de triste de desidia humana, y ruina.



Es lógico que haya que colocar las cenizas en un lugar digno como corresponde al amor de las personas que murieron. Y colocarlas en un lugar sagrado es relativamente fácil porque sagrado no es solamente un cementerio o en un columbario de una iglesia. Es también lugar sagrado, la cima de una montaña, la profundidad del mar, o un rincón oscuro de un bosque donde mana y corre un arroyo. Aunque pueda parecer panteísta hay también hay una hierofanía o manifestación de lo sagrado.

Si hacemos compatibles con estas opciones que son muy respetables y que a veces ponen en evidencia el sentido de redención de la naturaleza que a veces olvidada la misma iglesia, se puede ser un buen cristiano aunque pidas la cremación inquietud restos sean guardados en un lugar seguro y santificados por el amor, por la devoción, por el sentido que en vida le dio al que ahora es sólo polvo y cenizas: polvo enamorado de la montaña a del bosque o el sencillo jardín que le dio la tranquila paz familiar.

Demasiadas exclusiones está fabricando la iglesia católica en ese afán de querer manejar hasta lo más íntimo del creyente.

domingo, 30 de octubre de 2016

Sobre los muertos y sur representaciones



Mi vecina ha estado este mes pasado en México y supongo que a su hijo pequeño le ha traído algunos regalos,  entre ellos un lindo poster algo siniestro que ha colocado en su puerta que anuncia “El día de los muertos” con dibujos al colorido estilo mexicano, que son, incluso, graciosos. Ya sabemos que los mexicanos celebran por todo alto a sus muertos. Les llevan manjares hasta el cementerio y allí juntos en familia, utilizando la la losa de la tumba como mesa familiar, se dan un gran banquete con ellos (o a costa de ellos).

También los americanos del norte celebran la fúnebre fiesta en plan de un chocante juego infantil es la fiesta de Halloween de la que el cine de terror se ha apropiado y  que no tiene las connotaciones tan negativas  contra las que no vamos a despotricar aquí y que como la coca cola se ha esparcido en todo el mundo. Algunos católicos se asustan y montan en furia porque creen que es una competencia a ese gran atractivo que es la creencia en la resurrección de los muertos que tenemos los cristianos.

Algunas diócesis católicas han reaccionado cambiando el rostro siniestro de la fiesta por otro más amables (yo diría más bien cursi, ridículo y casi monjil). Se trata de celebrar el día de Holloween, como  el Día de los Santos y Santas de cine. Los niños se vestirán de mártires, confesores, angelitos, y las niñas de santas y vírgenes. (No sé qué harán si se disfrazan de santos mártires: será bastante “gore”. ¡Uno sin cabeza, otro sin brazos  ni piernas, etc!). La iglesia otra vez, actuando en el  lado reaccionario.

No nos engañemos: el culto a los muertos tiene una larguísima tradición histórica ya desde los primeros pueblos primitivos. Tratar de esquivarlo y de minusvalorarlo por que se celebre de distintas maneras según su uso cultural es bastante tonto e inútil. Además, la Iglesia desde siempre ha celebrado muy plásticamente ese terror ancestral que todos tenemos ante la muerte. Si no, véanse las pinturas de la danza de la muerte en las iglesias, También en el periodo barroco se realizaron grandes altares decorados con esculturas o pinturas de espantosos esqueletos (véase en Sevilla a Valdés Leal) que recordaban la efímera condición de vida del ser humano.


Así pues no habría de alterarse tanto con las histerias y estupideces que se hacen ahora en Halloween.