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jueves, 7 de abril de 2022

UNA COMPLACIENTE MIRADA AL DEPORTE DE ÉLITE

 


El método Williams (Estados Unidos, 2021) de Reinaldo Marcus Greene.

 

Esta película titulada en España “El método Williams“ tiene por título original “King Richard” porque hace mención a su protagonista Richard Williams padre de las dos grandes deportistas dedicadas al tenis. La interpretación del papel del que protagoniza la película (Will Smith) le valió ganar Oscar al mejor actor principal. Lástima que con su reacción violenta (la bofetada al presentador de la Gala de los Oscars) parece que ha arruinado su carrera. 


Así pues, “El método Williams” es una película que trata sobre la vida de Richard Williams, un padre de color, inasequible al desaliento que ayudó a formar a dos de las deportistas más extraordinarias de todos los tiempos, dos atletas que acabarían marcando época en el deporte del tenis. Richard tenía una visión muy clara del futuro de sus hijas, (a las qué engendró destinadas a ser las realizadoras de su sueño) y sirviéndose de métodos arriesgados y poco convencionales, elaboró un plan que llevaría a Venus y a Serena Williams de las calles de Compton, California, al olimpo del deporte, convirtiéndolas en iconos del tenis. Es algo que hemos visto también en otras historias donde los padres casi destruyen la vida sus hijos para que en ellos se cumpla la voluntad y también frustraciones. ¿Es una casualidad que al final de la película aparezca la tenista española Arantxa Sánchez Vicario que parece ser que sufrió el mismo trauma? Uno piensa, por ejemplo, en la relación tan castrante que tuvo Leopoldo con su hijo Wolfgang Amadeus Mozart.


“El método Williams” versa sobre el mundo del deporte visto éste como un medio de superación pero también, denunciándolo con cierta complacencia, como un instrumento para alcanzar la fama, el éxito, el triunfo. A la vez, éstos les llevará escapar del racismo imperante norteamericano a ganar mucho dinero vivir en unas casas muy confortables y lujosas y tener domeñados a los que están a su alrededor. Todo muy al estilo de los Estados Unidos, a la que llaman la tierra de las oportunidades (¡?) y donde el éxito se manifiesta especialmente en poseer el poder económico, ascender en la escala social y ocupar los peldaños más altos. 


En la pantalla se nos muestra a una familia muy unida para alcanzar los objetivos que el padre obsesivo ha marcado. Hasta que los consiga, las niñas deportistas llevarán una disciplina tan recta en sus vidas, que tendrán que renunciar a las cosas más cotidianas de la infancia, en medio de grandes sacrificios, que ellas también acatan. A la vez se nos muestra el patio trasero de los deportes de élite, donde se explotan a los deportistas mientras los mánagers, entrenadores y profesionales de los medios aparecen formando grupos de intereses comerciales y explotadores sus extorsiones, sus venganzas y amenazas.

 

Desde luego para aquel que nos guste de los deportes-espectáculo y sospeche de las manipulaciones que en él se dan, no es filme demasiado atractivo y eso que la película huye constantemente de la tragedia y de los momentos excesivamente duros, de modo que un cierto aire de comedia la refresca constantemente. Está bien contada, aunque aparecen muchos hilos sueltos y lagunas que el director no desea rellenar.

José Luis Barrera Calahorro 5 de abril de 2022.

viernes, 9 de abril de 2021

LA CANCIÓN DEL COLACAO

 


El fútbol y el racismo

Esta mañana, estando yo en mi lugar de trabajo, y separado por una pared, escuchaba la voz de un albañil que está trabajando en un edificio adjunto en construcción. Los albañiles para combatir y pasar la tediosa jornada de su trabajo suelen muchas veces ponerse una radio con el volumen a toda paleta o cantar a voz en grito. Uno de ellos, al que oía muy bien desde el interior del patio de luces, cantaba con toda claridad y emoción esta mañana la canción del colacao, el famoso anuncio que de críos escuchábamos. Es una canción muy popular pero que denota un cierto tufillo de racismo despreocupado y desinhibido que por aquellos años sucedía.

El racismo: una actitud y un mal hábito que durante siglos hemos tenido en Occidente, pero que como un virus siniestro de esos que siempre viven y nunca pueden ser aniquilados, se alberga en la mente y el corazón de muchas personas. Si uno analiza a fondo en algunas ocasiones algunas actitudes o gestos que realizamos, nos darían el resultado de que todos, todos, todos somos racistas.

¡Que trifulca la que se armado por el caso del racismo reciente en el fútbol! Un futbolista blanco en el fragor de la batalla futbolera, donde las personas pierden sus controles, insulta a un futbolista negro. Las palabras arrojadas como piedras como insulto son odiosas, muy gruesas, intolerables. Gravísimo pecado. La sociedad futbolera se ha rasgado las vestiduras y la cosa va cada vez a más. El futbolista ofendido y su equipo parece que ahora intentan aprovechar la ocasión para anular el partido que habían perdido. Se han hecho puestas en escena en el mismo campo de fútbol para indicar su solidaridad con el insultado.  El insultador dice que él no ha sido, que él no ha dicho esas palabras tan ofensivas. Así que ya veremos.


No es preciso recordar que esto del fútbol es un espectáculo sumamente productivo, un negocio donde unas empresas comercian con seres humanos en sus contrataciones y el factor económico impera sobre el factor humano. Se pide que en este negocio económico, que es el deporte espectáculo, donde las estrellas del futbol destacan muchas de ellas por un tren de vida de lujo escandaloso, sus miembros deben ser caballeros. Habría que ir también a las gradas de los espectadores -ahora no los hay por la pandemia- para ver si desde allí también se profieren insultos de tinte racista. Si los escucháramos, quedaríamos espantados.

Así que nuestro albañil que cantaba (lo hacía bastante bien) “Yo soy aquel negrito del África Ecuatorial ...” con desinhibición y entusiasmo, podría ser denunciado por algún compañero de color que trabajara con él.

sábado, 28 de enero de 2017

Apostasía en el fútbol



El Real Madrid ha borrado de su escudo la pequeña cruz que remataba la corona monárquica que explica su adjetivo de “real”. Lo ha hecho a instancias de los países árabes con los que parece ser que tiene pingües negocios. Lo mismo se hizo tiempo ha en el club del Barcelona, que borró su amada e identitaria cruz de San Jorge.

¿Han renunciado estos dos afamados clubs a su identidad cristiana? ¿Será este signo un gesto de apostasía? En absoluto. Esto es simplemente un asunto de negocios económicos, o como se dice en el Barça, “la pela es la pela” y para ganarla se pasa por donde haga falta. Pero a buenas horas los equipos musulmanes, renunciarán a su “media luna”.  Hay que recordarlo: no existen naciones, sociedades, “equipos deportivos” cristianos. Tal vez los y amemos así para entendernos. Es cristiano aquel que se adhiere por la fe a la persona de Jesucristo, recibe el Bautismo e intenta en consecuencia un cumplir con sus compromisos. No hay instituciones cristianas, porque éstas no pueden personalmente ni creer ni recibir el bautismo.


A mí el deporte como negocio, como empresa económica, como espectáculo visual me causa singular aborrecimiento. No trago la histeria y el ruido mediático que hace mundo del deporte. Me produce espanto las risas y sonrisas, lágrimas y lamentos, saltitos de alegría y gestos estúpidos que algunos deportistas de élite realizan. Y alucino ante la gente que al verlo, se le cae la baba. Eso sí, me llena de admiración y respeto la gente anónima que sacrificando sus horas, hacen deporte, en minúsculas instalaciones públicas, o corriendo por parques y campos.

martes, 30 de agosto de 2016

La berrea del fútbol


A mí me causa estupor y desasosiego los furibundas voces y auténticos berridos que los locutores deportivos en la radio utilizan para marcar los momentos de enorme tensión, cuando algún futbolista marca un gol. No hay cosa igual y no logro acostumbrarme. En muchísimas tardes y muy especialmente las del domingo, no se puede escuchar la radio; todo son eventos futboleros, con sus gritos estentóreos de los locutores, que más parecen ciervos berreando de celo y convocando a sus hembras, que personas que deben transmitir además de emociones deportivas, un mínimo de inteligencia. (¿O es que no hay vida inteligente en el planeta del futbol?).  


Hace unos años esto no ocurría con los locutores de radio: se emocionaban y exaltaban con  medido entusiasmo  y transmitían muy bien la exaltación que sentían aquellos que seguían el partido y se sentían vencedores. No acudían a esa forma tan embrutecedora de locución. Pero aquello que eran otros tiempos, y lo que ahora parece natural, pues, hay que decirlo, no lo es. 

miércoles, 24 de agosto de 2016

Se acabaron las Olimpíadas


Se acabaron las olimpíadas. Para los que no nos gusta el deporte como espectáculo ha sido un verdadero palo con el que la televisión nos ha castigado durante casi un mes. Abrías un canal de televisión y allí tenías a los atletas y olímpicos actuando. En La2, buscando huir de lo anterior, te ponían reportajes y documentales sobre deportes, deportistas, olímpicos y esas cosas.

De todos modos, y pese a mi personal gusto, a mí se me llenaba el corazón de alegría y felicidad al ver los rostros alegres y felices de los atletas cuando alcanzaban algunos de los récords que les iban a dar el premio de la medalla olímpica. Era sin duda un mensaje de ilusionado optimismo,  de esperanza, ver a muchos hombres y mujeres, exhaustos por el inhumano esfuerzo físico y a la vez dando saltos de alegría al conseguir el premio de sus muchos sacrificios. Otra cosa era el comentario exultante de los locutores que transmitían los actos, atribuyendo a España la medalla de oro de alguna especialidad olímpica. ¿España? Ni España ha sido derrotada ni ha salido victoriosa, sino lo que ha triunfado o fracasado ha sido el esfuerzo personal de los atletas.

Es desde luego un mensaje ilusionante el que las olimpíadas nos dan sobre la denostada condición humana que tantas veces -lo estamos viviendo estos días- nos  decepciona; mientras exista esta gente que quiere ir más lejos más altos y más rápido, habra esperanza para la humanidad.


Pero hay un aspecto tal vez negativo que no hay tampoco que olvidar: la obligada confusión que puede existir al igualar la victoria y el triunfo con el poder y la felicidad. Los que no ganan ni triunfan, los que pierden y fracasan tiene un lugar en el corazón de Dios. También pueden tener en su corazón, si está lleno de de otros valores, la alegría auténtica y la verdadera felicidad. El mismo Jesús de Nazaret, lo dijo y anunció cuando nos habló de las Bienaventuranzas.

lunes, 11 de julio de 2016

Futbolmanía



Un vecino mío, cuando comenzó este torneo de la Eurocopa que ahora acaba, colocó en su balcón esta especie de altar laico deportivo. Ni qué decir tiene que seguramente muy cabreado y también decepcionado, en cuanto acabó el equipo español fue eliminado por Italia, retiró toda el aparato imaginero y colorista de la patria que había colocado. Y con toda la razón.

Ayer acababa el torneo de futbol de la Eurocopa 2016. Portugal ha sido la campeona, le arrebató a Francia, a última hora en la prórroga, el trofeo. Es curioso que siendo muchas veces ajeno a muchas noticias, te andas enterando, sin buscarlo, de ellas. No soy en absoluto un futbolero. A mí el deporte “rey” (?) ni fu, ni fa. Me causa más bien estupor que entre la gente haya personas con tan desmedido y furioso interés por un espectáculo deportivo que cada vez parece más degradado y prostituido.


La chulería de las grandes estrellas del fútbol, la ambición de los clubs convertidos más en franquicias que en cobijos de ilusión para los aficionados, las rencillas y discusiones de los entrenadores con sus teatrales y dramáticas declaraciones, los intereses  comerciales descarados de las televisiones, las hazañas sexuales de sus profesionales que se creen vivir en total impunidad, etc., me asquean. La afición al deporte del fútbol y toda su parafernalia parece más bien una verdadera religión alienante que en muchas ocasiones degrada a quien la profesa. ¿Existe vida inteligente en el planeta del futbol?

martes, 26 de agosto de 2014

Accidentes de montaña




 Ayer enterraron a tres guardias civiles especialistas en salvamento de montaña, que murieron en un accidente de helicóptero cuando estos fueron a rescatar a unos excursionistas en la  parte leonesa de los Picos de Europa. Un grave accidente más de los muchos que ocurren sobre todo en tiempo de verano, donde la gente disfruta de sus vacaciones (de playa o de montaña). Sin muchas prevenciones, sobre todo cuando se mete en el agua del mar o se dedica a andar por las montañas.

 No se trata de denostar ahora a los deportistas de riesgo, y expertos en el mar o en la montaña, que saben por dónde navegan o se andan. Pero sí de concienciar a mucha gente, que cree que las aguas del mar son las de su piscina del chalet o que la montaña es un parque temático.

En la montaña, por ejemplo, hay que ir bien preparado con un buen calzado, con ropa adecuada, incluso de abrigo, con la cabeza cubierta, etc., conociendo el tiempo meteorológico, calculando el tiempo real que va a durar tu actividad y también midiendo si tus fuerzas están listas para hacer el recorrido.

Yo he visto subiendo grandes altitudes de montaña a gente calzada con chanclas y alpargatas atravesando un glaciar, o en camiseta soportando el cruel fuego del sol de la alta montaña. El accidente es casi seguro e inmediato. Por desgracia también conozco a personas cercanas que ha perdido la vida en esos lugares tan hermosos pero también tan trágicos y a veces no ha sido provocado por una negligencia. La montaña, como parte de la naturaleza, es muy hermosa, pero tiene sus derechos y exigencias.