No es “El indomable Will Hutting”, una película perfecta, pues tiene algunos despistes de guión y disgresiones que distraen de lo central al espectador. Pero si es una película que nos da entusiasmo, ilusión de vivir por cuanto narra una historia de crecimiento personal. Will Huting es un chaval. Dotado portentosamente para las matemáticas. Vive feliz con un trabajo sencillo y unos amigos fieles. Un día, se descubre esa enorme y genial facilidad para descifrar teoremas matemáticos. E intentan sus profesores que dé un rumbo a su vida errática, anárquica y libertaria.
Lo mejor de la película es el encuentro entre los dos personajes principales, el terapeuta y el joven que no quiere plantearse el futuro de su vida. Es el encuentro, además de dos grandes actores, uno que empezará en aquel entonces a ser una promesa y que después la ha cumplido, el joven Mark Damon y el veterano cómico Robin Williams en un papel muy parecido al que interpretará en “El club de los poetas muertos”.
El filme brilla sobre todo en algunos momentos, y es inolvidable la secuencia, al principio de la película, del diálogo-monólogo que tiene Robin Williams con Mark Damon en el banco de un parque junto al lago, convertido ahora en lugar de culto para los admiradores del llorado Robin Williams. Vivir y amar, esa es la cuestión, pero , sobre todo, amar.