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domingo, 17 de noviembre de 2019

¡ADIÓS, MISTER CHIPS... (DIGO) D. JESÚS!


Hay muchas cosas bellas en la vida. Esta semana mi amigo Jesús se ha jubilado. Había sido durante muchos años profesor de varias disciplinas en un colegio de la Iglesia. Admirado por muchísimos de sus alumnos y querido por sus compañeros del claustro de profesores se le rindió un bonito homenaje. Al salir del aula, después de impartir su última clase, todos los alumnos y  compañeros enseñantes le aplaudieron a lo largo de los  pasillos recorridos tantas veces por él hasta la misma puerta del edificio del colegio.

Mucha gente en Ribarroja (antiguos alumnos, padres, maestros) le tienen gran cariño y memoria: fueron muchos años de dedicación, de divertida imaginación, de variopinta inventiva para impartir clase (mejor, dar, pues se entregaba a ello), de transmisión de valores humanos y religiosos. Lo que importa en este momento es la satisfacción de saber que hay personas empeñadas en hacer su trabajo bien hecho. En este caso, la labor de educar en muchos momentos difícil e ímproba, pero que al final deja el poso de una vida dedicada a los demás, de muchas horas ayudando a que niños y adolescentes se transformen en verdaderos hombres y mujeres.



¿Recordáis el final de aquella preciosa película titulada "¡Adiós, Mister Chips!» donde aquel profesor inglés que ensañaba latín era homenajeado en el patio del colegio con grandes aplausos por parte de sus alumnos? Pues lo que ocurrió también ayer con Jesús me recordó esta película que conoció dos versiones. Ad multas annos!

viernes, 3 de mayo de 2019

PERPLEJIDAD DE UN PROFESOR DE CINE




Perplejidad de profesor.

Esta tarde voy a comenzar un curso que realizo desde hace unos años en la Facultad de Teología de Valencia. La materia de la enseñanza que impartiré parece algo insólito: cine religioso, cine espiritual o cine teológico . Es una especie del seminario de bastante horas donde trataré de explicar la influencia que las ideas teológicas han tenido en el cine y cómo también las películas han transmitido los mensajes religiosos sobre todo cristianos  a los espectadores. Después explicaré algunos recursos para, viendo una película, saber extraer sus aspectos religiosos, aunque a primera vista no aparezca..

Pero como todos los años al preparar el programa del curso, me quedo un tanto perplejo, por las características del asunto: para muchísima gente el cine solamente es un mero espectáculo, una diversión, algo que se contempla y se olvida. Por otro lado, muchos de los alumnos, suelen ser jóvenes ya maduritos, y carecen de bagaje cultural (de muchas disciplinas) y sobre todo de cultura cinematográfica: pues para hablar de cine en serio hace falta que quien te escucha no empiece de cero y eso significa haber visto ya algunos de los títulos emblemáticos del cine de todos los tiempos. Es la misma dificultad que un profesor de literatura podría tener explicando a James Joyce y sus alumnos no han llegado a saber quién era Shakespeare o no haber leído El Quijote.


Así que no sé cómo empezare. Tal vez, junto al programa que he preparado, intentaré transmitirles mi entusiasmo por el cine como medio de expresión artística y por tanto como medio de expresión religiosa.

viernes, 12 de abril de 2019

JUAN ORELLANA EN VALENCIA



Parte de esta mañana la he dedicado a escuchar la conferencia, en la Universidad Católica, que ha pronunciado Juan Orellana, un ya viejo amigo, a quien me ha unido ademas de su amistad, su pasión por el cine. Dentro de la Iglesia en España es una referencia: esta en la Conferencia Episcopal, habla en la COPE, aparece en TRECE TV, tiene escritos varios libros sobre cine, es presidente de SIGNIS, asociación de críticos de cine a la que pertenezco

Ha disertado sobre los cambios y nuevos valores en la educación, haciendo alguna referencia (no muchas, lo cual considero un acierto) a lo que se ve en las pantallas.Me ha gustado mucho y no lo digo porque sea un buen amigo.


Después, nos hemos tomado un café juntos y hemos charlado largo y tendido sobre cine y sobre nuestras vidas. Casi enseguida se ha vuelto a Madrid.

viernes, 29 de septiembre de 2017

LA ESCUELA FELIZ (PRINCIPIO DE CURSO)



Ya ha empezado el curso escolar. Por las mañanas, bien temprano ya vemos a los niños con sus relucientes mochilas o sus carritos, sus zapatillas nuevas y su ropa estrenada, acompañados de los papás o los abuelos dirigirse al colegio. Los veteranos con vehemencia, los más pequeñitos, y al principio, con cierta resistencia pero todos ya con alegría e ilusión: todo es nuevo y acuden al lugar de encuentro con sus profesores, compañeros y amigos. Allí aprenderán a ser auténticos hombres y mujeres auténticos, a adquirir conocimientos y cultura y también la ilusión y esperanza de dar sentido humano a sus vidas. ¡Dichosa la sociedad que facilita a los niños la ocasión de tener una escuela feliz! .

Podríamos ver muchas películas donde esto sucede, aunque la mayoría no se sustrae a los problemas que surgen especialmente en los lugares donde el bajo nivel de vida, la carestía y la pobreza, y también a la violencia y la guerra no permiten que la educación sea algo digna y fácil. Pese a las grandes dificultades que educadores y educandos a veces tienen que superar, al final y siempre, aparece la satisfacción del cumplimiento del deber del maestro y los alumnos, aunque a veces haga falta hasta el heroísmo.

jueves, 26 de marzo de 2015

La fragilidad de la vida


 Estamos todos estos días impactados por la trágica muerte de más de 140 pasajeros de un avión accidentado en los Alpes. Este tipo de tragedias en donde hay un número masivo de muertos, hacen temblar las raíces más profundas de nuestro corazón. Podíamos haber sido nosotros los pasajeros de ese triste avión. Nos aterroriza también captar lo efímero, frágil y breve que es nuestra vida. Ayer estos viajeros que regresaban a sus hogares, o iban a su negocio, de pronto, ya no son. Borramos alegría, borramos la ilusión, borramos la aventura. Borramos su memoria y sus almas, borramos incluso hasta su cuerpo.

Se nos dice que el riesgo de accidente en los viajes de avión es infinitamente mínimo, que el avión es el medio de transporte más seguro, que la vigilancia de las flotas aéreas es extrema pero al final es el viajero afectado por la muerte, el que la sufre y por los familiares de éstos cuyos corazones quedan que quedan vacíos  por las pérdidas que estos seres queridos de los que recuerdo ahora su sonrisa de ayer, congelada.


Y morimos con ellos todos un poco más, y oramos con ellos todos sin consuelo.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Los huesos de Cervantes



Esta es la última edicion del Quijote que ha sido
polemica por ser una edicion abreviada.
La recomiendo a los primerizos lectores.
¡Qué alegría lo de Cervantes! Han encontrado sus restos que siempre habían estado en el Convento de las Trinitarias de Madrid. Todos sabemos que eso no es lo importante, porque Miguel de Cervantes y Saavedra no está en esos huesos encontrados, sino en su maravillosa obra escrita.

Si este hallazgo sirve para que haya mucha más gente que descubra el gran placer y la maravilla que es la lectura de sus libros, bien hallado sea.

He visto por televisión ayer mañana las declaraciones del siempre displicente Francisco Rico, quizá hoy el mejor cervantista que tenemos. Desde la inmensa altura de su gran erudición, casi con antipatía, el autor de la más completa última edición del Quijote, ponderaba el hallazgo. No recomendaba -decía- que los niños leyeran el Quijote, a lo más, una aproximación a través de ediciones muy abreviadas, de cómics o de algún video infantil. Seguramente este libro con el tiempo se ha hecho algo difícil de leer, y a una edad temprana puede provocar indigestión lectiva y a la larga tornarse en odioso.

Como muchos españoles, yo leí el Quijote siendo un adolescente, obligado por el profesor de lengua y literatura española. Algo me costó, pero creo que no demasiado, porque no lo recuerdo puntualmente. Ahora cada vez lo releo con más frecuencia. Elijo para hacerlo algunas de las muchísimas ediciones que tengo en mi pequeña colección de Quijotes. Tengo la suerte de concederme este placer maravilloso.


viernes, 31 de enero de 2014

En los Salesianos de Barakaldo

Éste es el aspecto actual de mi colegio

Hoy, los salesianos, celebran la fiesta de su fundador: San Juan Bosco, que fue un sacerdote, cuya infancia fue dura y difícil. Cuando se ordenó cura, vio que en las calles de su ciudad, Turín, había muchos niños callejeando, sin escolarizar. Se le ocurrió crear una especie de escuelas libres para alfabetizarlos y enseñarles oficio. Murió en 1888 habiendo extendido su obra en favor de los adolescentes y jóvenes por toda Europa. En Utrera (Sevilla), en donde soy nacido, fundó su primer colegio en España.

Me siento feliz en este día porque yo también estudié en un colegio salesiano. Era el de Barakaldo (Vizcaya) que, después parece ser que se dio a conocer porque fue vivero de nacionalistas (uf, qué peste!) vascos.  

Mis recuerdos son en su mayoría muy gratos: creo que ya allí me aficioné al cine; los domingos por la tarde nos ponían películas de episodios, (o jornadas. como se llamaban entonces: “Fu Manchú”, “El Capitán Maravillas” (que decía “¡Sazham!” y se transformaba e un súper héroe al servicio de los débiles), las graciosas películas de “El Gordo y el Flaco”.

Recuerdo especialmente dos profesores salesianos que tuve: uno, flaco, menudo y muy bondadoso y preocupado por nosotros,  que nos daba gramática española y nos hacía nos hacía dictados y cuentas en un cuaderno que procuraba fuera muy pulcro. El otro profesor era malvado, fanático de la disciplina. Yo creo que era un sádico y de cuyo nombre aún me acuerdo: don Luciano. Nos imponía castigos físicos insoportables solamente porque nos pillaba hablando en la fila.

En mi nebulosa memoria, aparece un gran patio, y unos porches donde, bajo su cobijo, antes de entrar en el salón de actos para ver el cine, los domingos, los críos nos citábamos para intercambiar los tebeos de “Supermán”, “Batman”, “ El Hombre Araña”, y “Vidas ejemplares”. De eso hace ya tantos años… ¡segunda década de los años 50!

En mi vida piadosa, guardo la memoria de Santo Domingo Savio, de la “Compañía de la Inmaculada”, y una devoción llena de ternura a María Auxiliadora.