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domingo, 31 de octubre de 2021

MONSTRUOS EN HALLOWIN

 Seguramente como a mí, a vosotros que me leéis os habrá sobrevenido y sobresaltado un sentimiento de espanto y horror y también de indignación y de absurdo al enterarnos de la noticia del terrible infanticidio de Lardero en La Rioja. Un niño de nueve años asesinado por las manos de un perturbado y demente asesino. No hay palabras para condenarlo, ni tampoco las encontraríamos para consolar a sus padres. Cuando ocurre algo como eso, nos cuesta sobreponernos al horror y las reacciones en masa suelen ser incontroladas, salvajes.


Yo me pregunto qué es lo que hay dentro del cerebro de este terrible asesino. La fiera que debe anidar dentro de su pecho, la lucha a muerte para que no salga de sí mismo. En ”El vampiro de Düsseldorf” una película de 1929 de Fritz Lang, en plena época del nazismo, se contaba algo parecido: un asesino de niños es apresado y juzgado sumarísimamente por un tribunal compuesto por los criminales de los bajos fondos de la ciudad. Recuerdo las palabras que el reo dice para pedir piedad: “¡¡¡Yo no quería, es una fuerza que se apodera de mí y no puedo controlar…!!!”

 

Leo en el periódico que este mísero hombre, con gravísimos antecedentes penales, trabajaba hasta ahora en una empresa de limpieza y padecía sordera. Había tenido un padre que se suicidó y su madre murió. Me pregunto yo si este tipo de monstruos se crean a sí mismos o son creados por esta nuestra sociedad. Esto sí que es un verdadero y espantoso Halloween y no la estúpida fiesta de disfraces que muchos celebran.

 

jueves, 7 de octubre de 2021

UN ESCÁNDALO, TODOS LOS ESCÁNDALOS

 




       

Amigos, ¡cuánta vergüenza y tristeza siento, como el Papa Francisco, de lo que ha sucedido en Francia: ¡más de 300.000 victimas de abusos sexuales! 

La Iglesia ha dilapidado su tesoro que consiste en ayudar a creer y vivir el Evangelio de Jesús y ha perdido la credibilidad. Además de exigir responsabilidad a los sacerdotes abusadores, hay que esclarecer también a los obispos e incluso papas (!) su parte de culpabilidad. Refugiada en evitar el escándalo a costa del sufrimiento de los inocentes, la Iglesia debe revisar los fundamentos y causas de esa situación tan terrible: su concepto de la sexualidad, el discernimiento en los seminarios, el celibato tan valioso, pero también tiene sus miserias. Difíciles, espinosas cuestiones.

 

Esto es también, ay,  la llamada “comunión de los santos”: sus manchas son nuestras manchas. Ahora es seguramente tarde para restaurar: el daño es inconmensurable y los pecados de unos son también los pecados de todo el pueblo de Dios. Quiero creer, no obstante, que otra Iglesia es posible. ¡Me duele tanto la Iglesia!