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miércoles, 9 de junio de 2021

TERREMOTO EN LA IGLESIA: REINHART MARX











Es un gesto, un signo, un testimonio ejemplar y valiente el que ha dado a toda la Iglesia Católica (y también, por qué no, a todo el mundo) el que ha realizado el cardenal Reinhardt Marx, arzobispo de Munich, expresidente de la Conferencia Episcopal Alemana. Sin estar el directamente ni indirectamente implicado en los casos numerosos de pederastia que se han dado en el clero alemán y ante la tibieza de muchos purpurados y jerarcas que todavía intentan mirar hacia otro lado, Marx ha presentado su dimisión al Papa porque se siente “corresponsable” de la catástrofe de abusos sexuales cometidos por funcionarios de la Iglesia en las últimas décadas”. ¡Menudo terremoto ha provocado en la Iglesia Alemana y por extensión de su onda sísmica a toda la Iglesia!


"Ha habido fallos y errores personales y administrativos, pero también es un fallo institucional sistémíco, es decir que afecta no a un solo miembro, sino a todo el cuerpo de la Iglesia"... “Ésta tiene como institución la culpa de lo sucedido”, dice el cardenal Marx, “por lo que no tiene sentido en absoluto rechazar la discusión de una reforma y de una renovación en la iglesia, que abarque a toda ella”. Tapar goteras, cerrar brechas en el muro, poner paños calientes es lo que intentan algunos para solucionar la grave crisis de la iglesia.


Junto a la cuestión de la pederastia, la Iglesia tiene que enfrentarse con valentía y energía a otros problemas: el acceso auténtico de los laicos al gobierno de la iglesia, las bendiciones de las parejas homosexuales, el sacerdocio de la mujer, la verdadera democracia en su funcionamiento -salvando sus raíces regadas por el Espíritu- , comunión plena con otras confesiones religiosas, el celibato sacerdotal, la extensión y límites de las Conferencias Episcopales, el camino sinodal como método para avanzar en la Iglesia… ¡Son tantas las cuestiones a los que la Iglesia Católica de hoy tiene que responder para ofrecer de un modo real a todos los hombres/mujeres que buscan un sentido a sus vidas, un encuentro con el Dios de Jesucristo!

viernes, 9 de octubre de 2015

¡Soy yo, no mi mitad! (José Luis demediado)


Tres siluetas recientes: en abril, en agosto  y ayer mismo

Estos días me anda ocurriendo una cosa muy graciosa. Como ya estamos con el curso iniciado, me encuentro en mis primeras reuniones con amigos, compañeros y conocidos am los que desde  el inicio del verano y sus vacaciones correspondientes no nos habíamos visto. Así que cuando me acerco a ellos con la alegría de saludarlos –yo saludo por cortesía hasta al mismo demonio- noto que me miran con cierta extrañeza y algunos hasta el apretón de manos o el beso en la mejilla se hace leve, presuroso. Incluso, cundo por la mucha gente y el longo espacio saludo con la mano, me miran con cierto estupor y extrañeza – (¿quién es éste que me saluda?)-. Después caen en la cuenta:” ¡es José Luis, el amigo de siempre!”

Pues ¿qué ocurre? Pues que esa extrañeza, o sorpresa, o estupor que experimentan al encontrase conmigo con casi un aspecto nuevo y debido a mi drástica reducción de peso a la que una dieta rigurosa -pero no cruel-  y mi voluntarioso empeño han provocado. Así que les digo medio en broma: “soy yo, no mi mitad” Claro que me preguntan preocupados por si mi adelgazamiento es por alguna maligna enfermedad, y les digo que mis “gorduras” de antes eran propiamente la enfermedad (mis alarmas analíticas  de salud me lo avisaban ya con estrepitosas sirenas) y que ahora me encuentro perfectamente bien,  ágil y primaveral y, sobre todo, hasta desbloqueado mentalmente.


Así que con esta explicación que ahora doy creo que contesto a muchas preguntas posteriores que mis buenos amigos me pueden hacer. 

viernes, 1 de agosto de 2014

Indecencia




Cuando pienso en el lamentable y bochornoso espectáculo que están dando Jordi Pujol, hijos y familia política (nunca mejor dicho) sólo me sale una palabra: indecencia. Sé que es una palabra demasiado fina, pero para mi es adecuada. Porque lo indecente, si tienes sensibilidad y sentido del pudor, provoca vergüenza ajena.

El daño político que ha provocado la indecente confesión del innoble politico debe ser tremendo, pero es algo que a mí no llega a interesarme del todo. Pero me preocupa hondamente esta indecencia por la inmensa inmoralidad que mina los valores de la honestidad y honradez de los que andamos ahora tan cortos los ciudadanos.