Extrañas fallas. Los que viven en la ciudad de Valencia andan estos días experimentando una extraña sensación: este tiempo de fiestas de fallas totalmente edulcoradas por la situación de la pandemia. Aunque yo no entiendo por qué se celebran (dicen que porque hay que deshacerse de los monumentos de cartón piedra y madera que no se quemaron en su momento por causa del confinamiento rígido de la pandemia cosa que podría haberse hecho de otra manera), lo cierto es que las pobres comisiones de la fiesta de las Fallas lo andan celebrando, sin muchas ganas ni ímpetus y casi con actitud vergonzante. Seguramente así matan el gusanillo… por colmo, la tormenta del miércoles pasado aún ha aguado más el evento.

Escribo esto aquí y ahora mientras el cansino pimpampum de los niños tirando cohetes, tracas y petardos, no dejan a uno disfrutar de la paz y del silencio ni siquiera dentro de casa. Escribo esto, digo, para que quede constancia de ello.
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