domingo, 6 de diciembre de 2015
El Año de la Misericordia: un temor.
Ya sabéis Francisco -el mejor e imponderable Papa de mayor sentido evangélico y común que ha habido últimamente-, ha declarado este curso como el Año Jubilar de la Misericordia. Su deseo es que la Iglesia abandone toda sus corazas y y castillos y se abra sobre todo a la gente más sencilla, a los humildes, a los heridos por la vida, a los pobres y a todos los que ansían el perdón de Dios (o sea, todos nosotros). Pero esto no es solamente un deseo, una teoría expresada con el insulso lenguaje eclesiástico. El quiere que la misericordia sea, no una entelequia, sino una acción, algo muy concreto que haga mejorar este mundo. Un impulso activo que borre las desigualdades y que haga brillar la justicia.
Pero hay un peligroso riesgo en el que puede caer la interpretación de esta misericordia. Es convertirla en un sentimiento piadoso, tan sólo una pura virtud o una actitud compasiva interior y estéril (Nietzsche ya lo denunciaba).
Son las extrañas interpretaciones que de la misericordia algunos eminentes gerifaltes de la Iglesia están empezando a realizar: que si unir la misericordia con la eucaristía y la adoración eucarística, que si afirmar que el mejor acto de misericordia es recibir el sacramento de la confesión. ¡Claro que la misericordia tiene que ver con la eucaristía y la penitencia, como también lo tiene que ver con otros aspectos religiosos! ¿Acaso una procesión de una cofradía no puede también ser una acción de misericordia?
Pero no trata de eso, el mismo Papa lo ha anunciado: misericordia es ejecutar las llamadas "siete obras de misericordia materiales y espirituales". También yo añadiría y las siete sociales.
sábado, 5 de diciembre de 2015
Los últimos días del otoño
Todavía podemos disfrutar de estas últimas semanas del otoño. En las vaguadas y umbrías de nuestros valles, los árboles se resiste a despojarse del tembloroso verde de sus hojas, transformándose en un dorado joyel de plata, fuego y oro que llora sus lágrimas doradas hasta hollar el suelo. Cuando el viento, a ras del suelo las levanta, parecen dragones multicolores, despertando y desperezándose de su pesado sueño.
Pero también las postrimerías de la estación otoñal brilla y se manfiesta en medio de nuestras calles, en las múltiples fruterías que en nuestros barrios pululan. Los caéis rojos de fuego, los membrillos amarillos, las granadas llenas de rubís, los racimos de uva de color ambarinos, los anaranjados níscalos y tantas otras frutos del otoño decoran las mesas de la cocinas y despensas. Una sinfonía de colores, la misma espectacular naturaleza, que nos comunica su propia armonía en nuestra casa.
viernes, 4 de diciembre de 2015
Parroquia San Antonio de Padua: Tiempo de Adviento 2015
Parroquia San Antonio de Padua: Tiempo de Adviento 2015: Tiempo de Adviento (29 de noviembre - 24 de diciembre) Iniciábamos el pasado domingo, primero de Adviento, este tiempo litúrgico com...
jueves, 3 de diciembre de 2015
Al alcalde Ribó le llovieron piedras
Es claro y manifiesto que Joan Ribó, el
nuevo alcalde de nuestra ciudad no posee los mismos modos y estilos que la
anterior alcaldesa de Valencia. Yo creo que hacía mucha falta que en el
Ayuntamiento se abrieran ventanas y se apartaran tantos muebles viejos. Claro
está que para muchos, su gobierno de la ciudad, su modo de hacer es criticable
y hasta aborrecible.
Para los ciudadanos que se dicen cristianos
viejos y para la oposición beata y otros poderes fácticos, es también un
hereje, un heterodoxo, cuando no, un blasfemo. Y así, en cuanto toma una
decisión que parece alterar ancestrales tradiciones o derechos adquiridos que
tienen una cierta ambigüedad histórico-religiosa, enfrentamientos y críticas le
caen por doquier con toda suerte de improperios.
Ocurrió en octubre, cuando la “señera” no
entró en la catedral para cantar el solemne Tedeum de acción de gracias.
Demasiado religioso para un acto cívico. En noviembre le llovieron piedras
cuando decidió que las salas de ceremonias de los tanatorios no tuvieran fijo
un escenario religioso (o sea imágenes de santos). Rocas y pedruscos cayeron
sobre su cabeza. Después se ha visto que a la familia del difunto que quiere
una ceremonia religiosa no le faltan en el altar imágenes piadosas.
¿Y ahora qué, cesará la pertinaz lluvia? Ayer
el alcalde visitó el centro "logístico" situado en la iglesia de San Lorenzo que está
enfrente de las Cortes, donde están organizando el Encuentro de Jóvenes del
movimiento espiritual cristiano de Taizé. “Peregrinación de confianza” lo
llaman. En sus declaraciones invitó a
toda la ciudad de Valencia a que en sus hogares acogieran a los jóvenes
peregrinos. No invocó argumentos religiosos que a él no le competían, sino
sencillamente humanistas, solidarios, culturales y ciudadanos. Son unas muy
buenas razones. Resumen: el alcalde no es un comecuras.
Los nuevos leccionarios
Aunque pueda parecer una reflexión demasiado
interna y particular (tal vez cosa de curas y sacristanes) muchos de nosotros
estamos contentos por la nueva edición de los Leccionarios o libros de lecturas que en la
celebración de la Misa se van a leer a lo largo de este año litúrgico (o sea,
desde esta semana, primera de Adviento,
hasta final de noviembre. Son éstos nuestras herramientas principales del trabajo pastoral
La edición de los nuevos libros liturgicos
de lecturas es primorosa, a mayor tamaño, con una encuadernación muy noble,
bella y fuerte y una impresión de textos sagrados que ayuda, con elegante distribución, letras capitales, pequeños adornos, y sobre todo, con una letra
mucho más grande (ahora no valdrá la excusa de decir que se han olvidado las
gafas, para salir al ambón a leer)
Pero tal vez, para mi gusto y opinión
personal, lo mejor de estos nuevos
libros de lecturas de uso litúrgico es la nueva traducción con que se
presentan. Es la de la Biblia de la Conferencia Episcopal Española,
que sobre todo, destaca por su claridad en el lenguaje para llegar y acceder
llanamente a todos los que en la iglesia escuchen la Palabra de Dios. Aunque
algunos puristas protestan -¡como no!- porque en cierto modo se ha abandonado
el lenguaje bíblico y teológico que le resta profundidad, pero que suena a
arcaico a veces o a demasiado clerical-,
lo importante es que el mensaje de la Biblia llega a la gente con un
lenguaje, vivo, actual y directo.
Algunos estamos esperando con ansiedad otra
cosa muy importante: la tercera edición del Misal Romano (o sea, el libro
del altar), cuyas oraciones son muchas
veces demasiado redondas porque siguen el modelo del perfecto latín
eclesiástico, y son bastante inexpresivas para los cristianos de hoy. Al menos,
esa es mi opinion.
miércoles, 2 de diciembre de 2015
Charles de Foucauld, in memoriam

Padre, me pongo en tus manos,
haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea, te doy las gracias.
haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea, te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal que tu voluntad se cumpla en mí,
y en todas tus criaturas.
lo acepto todo,
con tal que tu voluntad se cumpla en mí,
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te confío mi alma,
te la doy con todo el amor
de que soy capaz,
porque te amo.
te la doy con todo el amor
de que soy capaz,
porque te amo.
Y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con una infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre
ponerme en tus manos sin medida,
con una infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre
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