domingo, 7 de junio de 2026

PEPE MARTÍNEZ, IN MEMORIAM

 


Me comunican que ayer, a las tres, falleció repentinamente, Pepe  Martínez Nicolau, un buen amigo, y compañero de mi promoción sacerdotal de 1971. Lo que me ha conmovido fuertemente. Estuvo de Párroco durante dos años en Vallanca, un pueblecito “arrinconado” en el Rincón de Ademuz, esa comarca valenciana de la Alta Serranía que para muchos está en el fin del mundo.


Allí inició sus labores pastorales como cura durante dos años.. Luego fue trasladado a la parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados en Bétera que construyó, primero, espiritualmente, formando una gran comunidad  e incluso la construyó “materialmente” pues edificó su templo y los locales parroquiales. Allí mismo celebró las bodas de oro como cura de la parroquia.


En este sentido, su vida pastoral fue un gran éxito. Pero además de saborear sus mieles, degustó también sus hieles: él me contaba que no le habían ponderado sus esfuerzos, porque desde arriba no fue muy reconocido. De ello, creo que con razón, se quejaba.

 

Era nacido en el Barrio del Cabañal que amaba intensamente y que le hacía sentir un gran amor por la parroquia de Nuestra Señora de Los Ángeles y poseer también una gran devoción al Cristo del Salvador. Su salud se quebrantó y fue muy precaria. Una vez jubilado estuvo viviendo el Cabañal, donde tenía su casa.  Pero no hace dos meses hubo de ser ingresado en una residencia sacerdotal. Ahora, de pronto, ha fallecido. Descanse en paz. 

 

Aunque era algo cascarrabias poseía una gran nobleza de corazón: fuí un gran amigo suyo y le quería mucho. ¡Adiós, querido Pepe, estás ya en los brazos del Cristo del Salvador!.


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