viernes, 16 de septiembre de 2011

Un ejercicio de cinismo.



En una entrevista, dada por Canal+ (televisión del pesebre*) en que al inefable Almodóvar (cineasta del pesebre) era preguntado por el incombustible Iñaqui Gabilondo (periodista del pesebre, hermano de otro ministro pesebrista) sobre su última película que mí me parece una pifia, decía el manchego de fama mundial (no confundir con Don Quijote) que ésta (La piel que habito) se movía en medio de las paradojas (hombres que son mujeres y viceversa, desinhibición y estimulación del consumo de drogas, etc.). El divino Gabilondo le preguntó al divino director qué paradojas había en su vida. Almodóvar contestaba que por ejemplo el nació pobre y ahora era rico pero que en su corazoncito aun tenía el sentimiento de clase de ser pobre y que por eso él comprendía a la clase trabajadora. 

Gabilondo en ejercicio de cinismo corroboraba la contradicción almodovariana y decía que no hay que renunciar al dinero para ayudar a los pobres, al igual que se es blanco de raza y sin embargo, comprender a los negros (sic).

La entrevista estaba hecha con la intención de promocionar la película que estos días se estrena en el país, que nos muestra una vez más los despropósitos y obsesiones sexuales de este cineasta al que los premios se le han subido a la cabeza y no sabe ya qué flautas tocar en sus nuevas películas para divertir a sus adictos.
*Pesebre: dícese, en sentido figurado, lugar donde comen y “maman” los clientes fieles a las instituciones oficiales.

La fiesta de la Cruz


Ayer, día 14, Fiesta litúrgica de la Exaltación de la Santa Cruz fue fiesta en muchas parroquias: celebraban el Día del Cristo, que con el título de "Cristo de los Afligidos" se venera en muchos lugares: en Siete Aguas,  en Ribarroja... etc. Yo fui invitado a asistir a la de Ribarroja a través de mis amigos, pero no pude acudir: tambien en la parroquia tenia que celebrar, aunque de otra manera, dicha efémeride. Una de las diez hermandades de Semana Santa de la parroquia y de las que soy capellán, se titula Hermandad del Santo Silencio y de la Vera Cruz,  y venera en un relicario el Lignum Crucis con verdadera devoción. No son muchos hermanos, pero están muy bien avenidos y hacen gala a su nombre: son callados y tranquilos y las "fiestas de calle" no les preocupan demasiado y yo me siento en mi casa cuando estoy con ellos/as. 

Ayer, pues, celebrando la fiesta de la Exaltación de la Cruz, montaron en su sede social un pequeño altar con sumo gusto y esmero y allí estaban todos esperándome para venerar juntos la sagrada reliquia de la cruz, el Lignum Crucias. Lo hicimos con una celebración de la Palabra, leyendo la Escrituras y despues rezando unos por otros. Sencillo, tranquilo, con auténtico espíritu cristiano. Todos muy unidos en la amistad y la sencillez. Acabamos besando la reliquia y después compartiendo nustra fraternidad.

¡Ay, si todas las cofradías fueran así!

martes, 13 de septiembre de 2011

Preguntas sobre Dios


Me preguntaron un día a ver si en algún momento había echado de menos en mi vida la existencia de Dios. Pues no. Puedo vivir sin él, no sin el amor. ¿Qué son una misma cosa? Pues ámame, carajo.

De “Plegarias ateas” I. Rueda. E. PPC, Madrid, 2010.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Sotanas



Día de la fiesta  en un pueblo. Acudo a la concelebración de la solemne Misa, con un coro con casi más gente que la que llena el templo. Al acabar, los curas, vamos a comer juntos. Vestimos con discreción, yo visto un discreto “pullover”, unos con traje de clérigo, otro,  con camisa de clergyman de manga corta, desgastada y raída de tantos lavados. ¡Pero uno de ellos viste sotana imponente! Alto y grandote,  porta una flamante sotana, con alzacuellos ancho y grande casi a la romana, de corte exacto y medido y caída amplia que le da más vuelo que un traje de “faralaes”.


Se pasea hasta el restaurante en medio entre la muchedumbre. Ostentoso, sonrisas, choque de manos. Como soy muy tímido, -siempre siento una vergüenza ajena- llego, primero y separado del grupo- al restaurante. Allí espero tímidamente y me pido una caña de cerveza.


Preguntas del millón: ¿Qué se pretende con estos atuendos? ¿A quién aprovecha? ¿La imagen de la Iglesia queda favorecida? En esto de los hábitos talares, ¿alguien puede poner límite? ¿Se proclama mejor así el evangelio de Jesús o sólo se alimenta la vanidad?

¡Ah! y no dudo de la bonhomía y vocación sacerdotalde los curas con sotana.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Crónica de un rescate

San Roque, rescatado.
Sanctus Rochus: ora pro nobis
Después de haber sido secuestrado, al cabo de un mes hemos rescatado la imagen de san Roque que nos habían robado del templo de nuestra parroquia. El robo (la policía lo considera un hurto) había ocurrido en la tarde del día 10 de agosto.
Ayer mismo, “un chivatazo” nos puso de de sobre aviso que habían reconocido por sus características, en la tienda de un anticuario de la ciudad, la que podría ser nuestra imagen. Así que por la tarde nos presentamos en la comisaría, Enrique, el sacristán y yo, para comunicar las sospechas. Les mostramos el documento de la denuncia que habíamos presentado en su tiempo y ellos nos redactaron y además unas fotos que habíamos logrado de la susodicha imagen.

Nos atendieron amablemente y después hacer varias gestiones de  comprobación nos dijeron que ahora mismo íbamos a confirmar nuestras sospechas. Así que nos subimos en el coche con dos policías “secretos”-eran dos jóvenes bastante cachas, vestidos de paisano- y nos presentaron este plan:  “-Ustedes entran en la tienda de antigüedades como si fueran a comprar algo o a curiosear y buscan la imagen. Si la encuentran pregunten por su precio o cualquier otra cosa. Luego nosotros entramos”.

Y así fue: como en las películas (aunque el objeto de interés no era un cuadro de Tiziano robado o una de las diademas de la reina de Inglaterra), entramos en la tienda y con menos de disimulo y más de nervios nos llegamos hasta donde estaba la imagen del buen San Roque, que estaba al fondo de la enorme tienda, humildemente en el suelo, con otros santos de menor tamaño.

Allí pues, estaba San Roque, al que  reconocimos como el nuestro. Yo pregunté por el precio y el anticuario me contestó: ” – Vale 650 euros”. En esto entran con decidido paso los dos policías, enseñan la placa y se presentan: -“ ¡Policía!”. Ellos nos preguntaron si identificábamos la imagen y seguidamente hicieron acta de su incautación. El comerciante de antigüedades contó que se había imaginado que era un producto del robo, y la tenía en depósito  (¿). Al cabo de un mes les pagaría a los cuatro personas que se la trajeron (que eran de raza gitana) 150 euros (¡). Después de redactar acta y hacer firmar al anticuario nos llevamos la imagen hasta la comisaria, allí firme la entrega de san Roque, que estuvo esperándonos en la mesa del despacho central de la comisaria ante la mirada atónita de los jóvenes poicáis que no sabían de qué iba la cosa y… nos lo llevamos a la Iglesia. A la entrada, la gente se arremolinó admirada por el sorpresivo y pronto rescate del Santo.

Tres cosas: 1. Contentos porque yo ya daba por perdida para siempre la imagen.2. Sorprendidos porque hemos tenido mucha suerte. 3. Satisfechos porque la policía funciona, por lo menos en estas cosas, muy bien.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Libros, libros, libros.



Ayer estuve en el Arzobispado  para recoger unos impresos para bodas que me hacían falta. Allí, la empleada que me los facilitó me regaló un abultado y pesado volumen de de un libro que celebra distintas efemérides de una parroquia muy céntrica de Valencia. El autor era su cura emérito. La edición, en papel cuché, tamaño folio, tapas duras y profusión de fotografías, es de lujo. Lo que cuenta el libro parece periclitado. Debe ahora quizá interesar a algunos de sus feligreses. Como iba acompañado, también le regaló otro ejemplar a mi amigo. Pero viendo que podía colocar más, nos entregó otros tres ejemplares para que se los pasáramos a otros. Total, que cargamos con cinco libros. La sentí aliviada por la abundosa distribución. Nos enseñó la pila de cajas de libros que aún tenía que repartir: más, nos mostró otras cajas con otras publicaciones y nos dijo que nos lleváramos los que quisiéramos.

La edición estaba patrocinada por un estamento oficial. Cuantos libros se habrán publicado con el peculio particular de su autores y la colaboración de las instituciones, y duermen en los sótanos del olvido!

Después me pasé por una librería religiosa cercana y allí entre muchos otros de la misma índole, hojeé un libro de más de setecientas páginas con un título tan abstruso e ininteligible que me obligó a mirar su índice para ver de qué trataba. Tampoco me enteré mucho. ¿A quien pueden interesar ciertos libros escritos sólo para satisfacer la vanidad y  los egos de algunos aficionados a escribir? ¡Qué lástima de esfuerzo intelectual e ilusión pastoral gastados en vano!