Estos días he estado leyendo, reflexionando y orando sobre el texto del Sermón de la Montaña. Las Bienaventuranzas son su plato fuerte: … “Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios”

Pues tener un corazón limpio compromete a que, allí donde nosotros miremos, donde coloquemos los ojos, veamos a Dios que se nos muestra de múltiples formas y maneras. Quizá sea fácil verlo en las maravillas de la naturaleza, o en la bondad innata de las personas. Pero nuestra mirada será verdaderamente pura cuando sea capaz de mirar a un hombre en la cruz, o en el abismo del pecado o en la prisión del mayor vicio y vea en él rostro de Dios.
Por eso hemos de tener la facilidad de ver también en el espejo de nuestro corazón, libre de todo narcisismo, cómo en él, –con nuestra desvencijada historia, nuestras culpas, pasiones y pecados- ¡se refleja el mismo rostro de Dios!
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