
He hablado de una cosa que me preocupa mucho estos días. De la naturaleza y cualidades de las asociaciones públicas de la Iglesia (las cofradías) erigidas en las parroquias. De sus derechos y deberes. De sus incongruencias y desacatos. De la ardua problemática de la llamada religiosidad popualr, que a veces te exalta y agradeces y que otras desalienta y deprime. (Es lo que me pasa a mi, ya ducho en la materia).
Lo que me ha sorprendido es la gente tan pacífica que forma la familia vicentina (es decir, los devotos de San Vicente Ferrer y su fiesta) y también me ha parecido percibir la autonomía tranquila que tienen de sus parroquias. (Los párrocos deben pasar bastante de ellos y ellos parecen asumirlo). Quiza sea sólo una impresión mía, pero algunos que me han felicitao por mi discurso, que he procurado que fuera bastante "light", me ha dicho que he estado un poco fuerte. Son cosas de la difícil y contradictoria religiosidad popular.
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