Estos días de agosto estoy viendo muy buenas películas. En mi pantalla doméstica, en las salas de cine de la ciudad. Como la oración y la lectura, para mí, el cine, es como el aire: tengo que respiralo constantemente. Este año no coincide el estiaje de la sequedad con el de estiaje de la cartelera de estreno; hay , como digo, abundancia de muy buenas película (al menos de las que coinciden con mis gustos: cine entretenido, pero que te hace pensar y reflexionar, cuyas imégenes de belleza plástica te deleitan y que, una vez te vas de la sala o apagas el televisor, te llevas las películas muy adentro para después repensasarlas y sentirlas desde la hondura de la emoción o la reflexión. (A veces las llevo a mi oración personal, porque los personajes que aparecen es en ellas, o soy yo mismo, o la gente que vive a mi alrededor). ¡He visto estas películas y me he sentido más humano!. Doy gracias al Cielo porque me ha permitido amar y disfrutar de este verdadero arte contemporáneo que es el cine. Para quienes llegados aquí en la lectura de esta mi reflexión, les digo a modo de ejemplo, las tres últimas películas que me han encantado: "Señor Maggelhorn" (todo un recital de interpretación de Al Pacino), la israelí-francesa "Mis dos hijos" (despuee de verla, aun me sigue emocionando) y "El Apóstol" (muy didáctica pero muy apropiada para la reflexión sobre las relaciones Islam-Cristinismo). De ellas, un poco mas ampliamente, informaré y opinaré proximamante.
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