martes, 11 de marzo de 2014

Reinventar la Cuaresma




Pues ya sabéis que estamos en Cuaresma. El miércoles pasado fue el llamado Miércoles de Ceniza. Contra los que muchos piensan lo contrario... ¡feliz tiempo es la Cuaresma!

Yo cuando crío, la recordaba con un tiempo pesaroso, oscuro, triste. Los curas del colegio religioso nos obligaban a asistir a actos larguísimos en la iglesia…que no entendíamos. No sé si, desde entonces, yo tengo siempre algo de manía a la devoción del Vía Crucis, a ciertos cantos lastimeros que se cantan en Cuaresma: “Perdona a tu pueblo, Señor… no estés eternamente enojado…”, “Sálvame, Virgen María…” Yo en aquel entonces no entendía qué pecados había podido hacer un crío para que el Señor estuviera eternamente enojado.

Con el tiempo uno va cambiando en muchas ideas. Y creo que para bien. Y ahora a mi la cuaresma me parece un periodo de tiempo litúrgico que no tiene que ver nada con la pena y la tristeza de antaño.(Aunque todavía hay curas y parroquias, empeñados en prácticas religiosas bastante rancias llenas de pesadumbre y melancólico pesimismo).

Yo veo ahora en la cuaresma, la importancia y la función de una especie de preparación deportiva. Ponerse a prueba, medir fuerzas, entrenarse en los mejores valores, para poder vivir después la gran fiesta de la fe: que Cristo ha resucitado, que yo también resucito.

Y sobre todo la Cuaresma es para mí un tiempo de oración, de mucha oración. De sentirme en la presencia constate de Dios.

¡Claro que algunos signos y símbolos y prácticas de la Cuaresma, que aun siguen en vigor, con su sentido y significado tienen que cambiarse! El ayuno y la abstinencia, por ejemplo, son dos prácticas  cuaresmales, que incluso entre muchos cristianos, no sé si encuentran sentido. Hoy es ridículo abstenerse de carne cuando hay más sabrosas alternativas alimenticias. El Vía Crucis debe también  transformarse en algo más que un ejercicio de morboso recuerdo de los sufrimientos de Cristo en el camino del Calvario y abrirse más a la tensión que la Resurrección provoca,  en el sentido del cumplimiento inexorable de un deber hacia la plenitud de la Vida.

jueves, 6 de marzo de 2014

Los Oscar, un año más (y 2)




"Gravity" se llevó siete estatuillas y se esperaba que 12 años de esclavitud" de Steve McQuin, fuera la gran triunfadora de la noche pero se ha quedado bastante atrás de la película anterior. A mí me pareció que contaba una historia demasiado conocida y previsible. No se trata sólo de contarnos las atrocidades que el sistema esclavista realizó sino también trascenderlo y apuntar que ese sistema hoy se repite de otra manera A mí la película me pareció una pieza de museo histórico.

Atrás se han quedado, muy atrás, pese a los augurios y prestigio, dos películas que a mí me parece, la primera, La gran estafa americana”,  fríamente exagerada Y la segunda, El lobo de Wall Street” exageradamente caliente, -no en sentido erótico-. (A ver si de ésta, Martin Scorsese, gran maestro del cine, aprende a dominar su inclinación a la hipérbole).

Me pareció muy bien concedido, por los enormes méritos de interpretación, el premio otorgado a Kate Blanchet, por su papel en Blue Jasmine”, de Woody Allen. Es una de las mejores cintas de este año, y de lo mejor de la amplia obra Del cineasta que ama Manhattan, aunque éste con los escándalos públicos que arrastra, sea muy fácilmente rechazado entre la conservadora Academia de Hollywood. “Blue Jasmine” es una película fuertemente sincera que nos cuenta los estragos que está produciendo en la clase alta liberal americana la grave crisis económica.

Los académicos de Hollywood casi se olvidaron de Nebraska, una de mis películas favoritas, seguramente porque tiene un “look” de cine independiente, y tal vez también porque los de Hollywood no están ahora por la labor de mostrar las penalidades de la tercera edad.

El Oscar a la mejor película extranjera se concedió a La grande belleza una película odiada por unos y ensalzada por otros: una revisitacion a “La dolce vita” felliniana en el 2013.  ¡Amo esta película!

miércoles, 5 de marzo de 2014

Quitando y poniendo cruces



 “Paris vaut bien une messe” (“París bien vale una misa”). Lo decía Enrique IV de Francia, el monarca tan bien retratado por Heinrich Mann. Pero no parecen entenderlo hoy en muchos lares de la política carpetovetónica que solo sabe luchar tirándose crucifijos a la cabeza. Cuando a Tierno Galván le dijeron que retirara el crucifijo del Palacio de la Villa, el Viejo Profesor dijo que, aunque él no era creyente, reconocía que aquella cruz era un “símbolo de reconciliación”. Y vean ustedes ahora:

Soledad Becerril, la exalcaldesa sevillana, que tantas procesiones presidió y tan devota parecía con mantilla y peineta por el puente de Triana; la primera mujer nombrada ministra tras la dictadura, hoy ocupa el cargo de Defensora del Pueblo. Acaba de decir que “la permanencia de un símbolo identitario de carácter religioso en las salas de plenos de las corporaciones locales carece de relación objetiva con la naturaleza específica de las actuaciones públicas (…) lo que el texto constitucional pretende evitar”. ( Ufff… ¡vaya frase!).
Pues no pensaba así en la Sevilla cofrade en donde la simbología religiosa adquiere una particular significación; o cuando era ministra de Cultura….

Por otro lado, Belloc, casado por lo civil –cosa que no tiene importancia, pues tantos casados por la Iglesia mejor que no lo hubieran hecho–, hombre de significada increencia, alcalde de Zaragoza, el año pasado, dejó solo en una votación a su grupo socialista para unirse al PP para que el crucifijo que preside los plenos municipales continuara en el salón de sesiones.
Esto no hay quien lo entienda… Si París bien vale una misa, “lo que no esté roto no hay que arreglarlo”, que decía aquel prócer socialista de la pana, Alfonso Guerra.

 Ni quitar, ni poner. Hay otros problemas más urgentes que arreglar y que duermen el sueño de los justos en la mesa del Defensor del Pueblo…

Pero hacer una guerra de crucifijos en un país que tirita es cosa de bobos. En el sentido francés del término, el “bobo” es un pijo que de poco tiene que afanarse, pues tiene la barriga llena.
                                                        Publicado el 28.02.2014 por Juan Rubio en  "Vida Nueva"

martes, 4 de marzo de 2014

Los Oscar, un año más (1)



Aunque sea de obligado cumplimiento, hoy toca hablar de los galardones de la Academia de Ciencias Cinematográficas de Hollywood: los Oscars. No creo que mi comentario aporte nada nuevo a las noticias que nos han llegado desde América. Cada año se repite la misma (para mí, tediosa) ceremonia de la feria de las vanidades que es ese mundillo de actores y directores de cine que buscan mantener su fama y nombradía. Es natural: a fin de cuentas ellos defienden su parcela económica. Pues que con su pan se lo coman.

Y ocurre siempre casi lo mismo: los premios cinematográficos suelen ser una especie de lotería, no fruto del azar, sino resultado del choque de múltiples intereses económicos y estratégicamente ideológicos. A veces lo artístico va parejo con el premio pero otras veces ese valor anda muy lejos del filme premiado. Pero eso son servidumbres que acompañan siempre al cine comercial; no olvidemos  que los Oscars son escaparate y mostrador de la feria del comercio cinematográfico.

De todos modos, siempre hay sorpresas. Películas que se lo merecen, películas que han sido injustamente relegadas. Este año, como otros tantos,  ha ocurrido lo mismo.

“Gravity” de Alfonso Cuarón, la película más galardonada, es además una gran película, al parecer de este comentarista.  Junto a unos alardes técnicos increíbles, una espectacularidad que asombra con una historia de solitarios náufragos, la película se alza también  como un gran monumento a la espiritualidad: los movimientos en el vacío de los dos astronautas perdidos en el espacio, son los movimientos propios del alma humana, que pese a los adelantos científicos seguirá siempre siendo la misma: el reflejo de aliento de Dios, y la precariedad de su existencia en la condición humana. Alfonso Cuarón, su creador, ha sido saludado como el primer hispanoamericano que ha ganado un Oscar. Mexicano de origen, Cuarón siempre ha hecho cine al estilo norteamericano. Bienvenido, pues, este reconocimiento a esta película que une espectacularidad, creatividad e intimismo. 

(Mañana, más)

lunes, 3 de marzo de 2014

Conmoción



¡Vaya palo!  Murió ayer repentinamente el sacerdote Pablo Sopena.  Tenía 38 años. Esta mañana, a las 11 ha sido su funeral, en la parroquia de San Juan y San Vicente, en el centro de Valencia. Era nieto del médico Marcos Sopena, que aquí, en el Cabañal y en los Poblados Marítimos ejerció sabia y generosamente su oficio en favor de la salud y que tiene una calle a su nombre.

Cuando ayer domingo, nos enteramos de su súbita muerte, nos quedamos todos helados. El calor de la ceremonia que se ha hecho esta mañana, -el templo lleno, más de 80 sacerdotes, muchos de ellos jóvenes- quizá nos haya elevado un poco la temperatura: es un suceso, del que como siempre, tiene la última palabra Dios. Y a este buen Dios confiamos su alma. Cada vida tiene su tiempo. La de él ya se ha cumplido. ¡Bendito sea Dios!

Como decía el poeta: “¡Señor, danos a cada uno nuestra propia muerte!”.
¡Descansa en paz, Pablo!

domingo, 2 de marzo de 2014

El Trovador de Dios en Moncada



San Francisco de Asís en el seminario de Moncada.
He ido esta tarde al Seminario de Moncada  -para mí siempre es una alegría retornar al lugar donde me formé en mi juventud -. He estado viendo el musical  "San Francisco de Asís, el Trovador de Dios", un montaje teatral realizado por los jóvenes de la Parroquia de Nuestra Señora del Lluch de Alzira. Hay que felicitarles, por cuanto han ofrecido un espectáculo de buen nivel artístico y nos han hecho pasar un buen rato muy agradable. El salón de actos estaba lleno. Pese a las dificultades que un montaje teatral como éste tiene, la obra ha alcanzado una dignidad muy alta, tanto en la interpretación, como con la buena partitura, como los textos que han recitado y han cantado.

Tal vez la orquestación de los números musicales ha sido un poco pobre, al igual que la iluminación -algo escasa-, supongo que es  porque la dotación el escenario del salón de actos de Moncada no permite muchas alegrías. Pero pienso que han conseguido muy bien el objetivo que buscaban: a través de la vida de Francisco de Asís, mostrarnos el testimonio del Evangelio.

 (¡Ya me gustaría que algunas peliculitas que se ven últimamente por ahí, contando martirios, tuvieran el nivel de calidad que este montaje teatral tiene!)