Un estúpido resfriado, de esos que se cogen en época de frío, ha hecho que pase unas navidades algo extrañas: casi bajo la manta. He tenido que estar al pie del cañón en las cosas de la parroquia y así no había quien curase el cargante constipado que era tan fuerte que me dejaba K.O. Del calor de la camita y las mantas pasaba a la refrigeración polar del templo: nuestras iglesias en invierno son cruelmente frías. Y ésta de El Cabanyal suma además la intensa humedad del mar cercano.

Si no fuera por la incomodidad de los estornudos, de los mocos, de las toses, del “trancazo”, de lo asqueroso que es tomar jarabe, creo que el saldo todavía es positivo. Aún no puedo cantar victoria, pero el constipado ya va para atrás.
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