CINCUENTA AÑOS DEL CINE DE LUCHINO VISCONTI
Zapeando la otra tarde del domingo por las plataformas de televisión, me encontré con la última secuencia de la película “El Gatopardo“ de Lucchino Visconti. Era una secuencia verdaderamente maravillosa que corresponde a la conclusión del filme basado en la novela de Lampedusa: En ella se nos muestra un baile en el palacio del príncipe de Salina. Admira enormemente la puesta en escena de esta secuencia. Además de la planificación y movimientos de cámara que recoge y muestra los distintos participantes del baile de la aristocracia siciliana alternando con planos de la vida cotidiana y de trabajo, de la clase, más humilde y pobre; todo, con un perfecto atrezzo: el vestuario, el mobiliario y objetos ornamentales acertadísimos, los actores ajustados moviéndose en la danza, como si también la cámara bailase con ellos.
Ahora hace cincuenta años que falleció uno de los maestros del cine italiano y mundial, que precisamente comenzó como un pionero del neorealismo y realizó una magnífica evolución hacia un cine, cuyos mensajes sobre la fugacidad de la vida, y la fragilidad y la muerte del ser humano, la imposible resistencia a los cambios sociales, la búsqueda de la belleza como sentido de la vida humana, son el núcleo central de los discursos de este gran director, que aún nos regalaría otra joya de su arte cinematográfico con la película “ Muerte en Venecia “ de una temática también muy parecida.
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