martes, 31 de agosto de 2010

600 años son muchos años.

En agosto de 1410, Llíria, fundada po los íberos, enriquecida y ornada po los romanos, habitada por los musulmanes,  era una de las poblaciones más importantes del Reino de Valencia. Llevaba varios años de tremenda sequía, de modo que el manantial principal que abastecía de agua potable al vecindario estaba prácticamente agotado. Desesperados, los edetanos acudieron al cielo y buscaron a un fraile dominico, famoso por su santidad y fuerza de fe para que les presidiera una rogativa. Desde Albaida el famosísimo predicador -Vicente Ferrer- se llegó hasta Llíria -cuya carta puebla cristiana se otorgó cien años antes- y encabezó una procesión penitencial desde el templo de la Sangre hasta el lugar en los aledaños del pueblo donde languidecía el manantial. ¿Qué ocurrió cuando el santo rezó delante de las secas fuentes? Sin duda no invocaría al Dios "tremendae maiestatis" de sus sermones más fieros, sino que acudiría al Dios de la vida, al Dios que es salud y frescor del alma, al que nace como un manantial límpido en el corazón. ¡Y empezó a brotar el agua! Decenas de ojos borbotaron en el lecho de aquellas aguas que parecían putrefactas y ahora se renovaban, purificaban y se tornaban cristalinas y saludables. Dicen que San Vicente Ferrer prometió que el manantial menguaría o crecería pero que nunca se agotaría.
La gente de Llíria, seiscientos años después afirma que se ha cumplido aquella promesa que hizo el Santo.
 Milagro, leyenda o fenómeno natural, hoy ese manantial es un paraje encantador, donde un alargado pequeño lago alberga peces y preside un parque esplendoroso de arboles alrededor de un blanca ermita. Los vecinos de Llíria fueron en romería a recrearse y a recrear aquel portento que une una vez más las tradiciones cristianas a los dones de la naturaleza, símbolos de la vida. ¡Manatiales y rios, bendecid al Señor!

sábado, 28 de agosto de 2010

¡Dale tomate!

La "fiesta" de la Tomatina.


He visto en la tele algunas imágenes de esa “fiesta” salvaje que al final de agosto se perpetra en Buñol, en la provincia de Valencia; iba a escribir: se celebra, pero la celebración tiene otros más hondos sentidos.


En verdad que siempre hay gente para todo, y para los oriundos del pueblo “rojo” de Buñol, el evento tomatero puede que tenga muy profundos significados. Supongo que también contará con muchos detractores. En efecto, hasta allí se trasladan montones de gente con ganas de hacer el guarro, con deseos de entrar en una actividad lúdica bastante sospechosa de animalidad. No es mi intención insultar a nadie ni menospreciar a un pueblo. En el mío, en Lliria, muy cerca de Buñol, se hace algo parecido pero más finamente: la batalla no es con maduros tomates coloraos sino con blancos y dulces merengues. En el fondo es seguramente lo mismo: una actividad lúdica de dudoso gusto y seguramente no apto para estómagos delicados. Y mi censura no es por aquello del dispendio de las toneladas de tomate o las docenas de merengues. Uno se pregunta si la diversión verdadera, la fiesta de un pueblo debe ser eso, por mucho que lo canonicen los medios de comunicación, que acuden desde tierras lejanas a transmitirlo al mundo entero.


Pero ahí están las fotos: no se distinguen a veces si son humanos los que están en medio del lodazal de la salsa de tomates. Lo que estoy pensando: una guarrada.

viernes, 27 de agosto de 2010

Semana Santa que llega.

Ya sé que en el calendario, la fecha de la Semana Santa aun está lejos (y la del año 2011 que viene, aún cae más tardía, a mitad de abril). Pero ser capellán de diez Cofradías de Semana Santa me obilaga a replantear, organizar y planificar la marcha de las cofradías  por su intríseca relación con la Parroquai. Esta semana pasada he estado rodeado de libros, que he consultado, sobre el tema de la Pasión,  Muerte y Resurreccion de Cristo para preparar el temario (ahora "diseño curricular") de la Escuela de Cofrades que empezaremos en septiembre. Ésta consiste en unas clases mensuales que intentan dar formación a los integrantes de las Hermandades de Semana Santa. ¡No todo es desfilar y lucirse!. Mi idea es que además de formativas sean atractivas, que ayuden a repensar el drama de Jesús como replantemiento de la fe cristiana.
En este blog iré dando noticias de la acciones y proyectos de la Parroquia de los Ángeles sobre la Semana Santa Marinera.

La historia de las palomas

Este mes de agosto se nos colaron por los altos ventanales del templo parroquial dos palomas de la calle. Seguramente, los animalitos pensaron que la cornisa interior de la nave de la iglesia era el mejor sitio, fresco y seguro, para encontrar cobijo y asilo. Por la mañana salían a buscarse la vida por el barrio y a la hora de la canícula y al atardecer regresaban al suntuoso hogar sagrado que se habían buscado.

Allí las teníamos, todas las tardes posadas en la barandilla de la cornisa interior del templo, siguiendo con "devoción" el rezo del santo Rosario o los ritos de la Santa Misa. Una mañana de domingo, en plena acción litúrgica de un bautizo, yo explicaba a los padres y padrinos el significado de lo que contaba el evangelista Marcos en el pasaje del bautismo de Jesús: cómo bajó el Espíritu de Dios sobre Jesús en forma de paloma. Oportuna y sorprendentemente, en ese momento, una de las palomas revoloteó a la largo de la amplia nave del templo provocando una gran risa admirativa.
La cosa se puso más bien inoportuna y problemática cuando en plena Misa solemne de la fiesta la Virgen de los Ángeles, con el templo abarrotado, las palomitas de marras se daban paseos volanderos durante la lectura del Palabra de Dios. La gente ni escuchaba al lector y ni atendía después al predicador, siguiendo con la vista y la cabeza, como los espectadores de un partido de tenis, las maniobras aéreas de los dos volátiles.
Después se hizo aún más molesta: pronto aparecieron huellas y restos de sus necesidades poco higiénicas -plumas, deyecciones-, en los lugares menos adecuados: libros, manteles, etc. ¿Qué hacer, entonces? Si cerramos el acceso aéreo del templo pasaríamos mucho calor y este verano se las trae. Unos feligreses decían, en plan de intervención militar, que con una escopeta de perdigones se acabaría el problema; otros, poco ecologistas, que con un cebo envenenado -pero que no se enterara nadie- morirían.Alguien propuso encaramar un gato a la cornisa para que acabara con las palomas.¿Y si el gato después no  acertara a saber bajar (¡qué conceirto de maullidos!) Hasta que Enrique, nuestro sacristán –hombre para todo- se arreguindó  hasta lo más alto del templo y  fue cerrando los ventanales abiertos que habían provocado el problema. La suerte hizo que las aves se salieran del templo antes de quedar encerradas.
Dos días después comprobamos que las palomas huidas ¡eran padres de dos crías que se habían quedado en el templo! Menos mal que ya eran creciditas y estaba a punto de echar  a volar. Más adelante, no sé si por inanición, encontramos uno de los pichones muerto en el suelo del templo. El otro, vivo y refugiado al lado de un confesionario. El sacristán lo capturó y lo soltó en el amplio patio interior de las dependencias de la parroquia, dejándole comida y agua. Al día siguiente ya no lo encontramos. Los ventanales los volveremos a abrir colocando antes telas metálicas protectoras.
Moraleja: ¿Habrá que decir que el Espíritu Santo es una realidad virtual que no tiene mucho que ver con las palomas del templo?

martes, 24 de agosto de 2010

¿Hacia dónde va la vida?

Acabo de leer en "Resistencia y sumisión" de Dietrich Bonhoeffer (Salamanca 1983, pág. 32):

"De la noche a la mañana, de improviso se presentan la alegría y el sufrimiento; mas ambos te abandonan antes de que te percates y se dirigen al Señor para comunicarle cómo los has soportado"

¡Lo escribía un hombre desde el campo de concentración de Buchelwald, donde moriría ejecutado!

lunes, 23 de agosto de 2010

Como un crío


Esta mañana, me he levantado bien temprano, me he acercado hasta la playa, he andado un buen rato con los pies descalzos sobre la arena y me he bañado en las aguas del mar en el mismo momento que del horizonte de éste emergía el sol del amanecer. Daban ganas de saltar y palmotear como un crío que recibe el baño de manos de su madre en una bañera: una experiencia que en mí se torna emocionado sentimiento de gratitud, de colmación del don de la vida.

Solamente los hijos que confian completamente en su Padre experimentarán en las cosas mínimas sus milagros y grande hechos.