viernes, 27 de enero de 2012

Una tarde movidita


Ayer andaba tomado el centro de la ciudad de Valencia. Las manifestaciones contra los recortes en Sanidad, Educación, etc. han movido a muchos ciudadanos a protestar de ese modo. La malversación y corrupción de los políticos, la avaricia de los banqueros, el derroche de los cargos públicos, han creado un dilapidador estado del bienestar que ahora se quiere mantener con drásticos ahorros casi imposibles en una sociedad acostumbrada al consumismo superfluo e insolidario. Si ya había gente que no llegaba al fin de mes, que carecía de lo imprescindible, ¿qué será de ellos?

La fotografía de arriba corresponde a un momento de la manifestación en la plaza de San Agustín. También las había en la del Ayuntamiento y en la de la Virgen…

Yo tenía que ir a la otra punta de la ciudad para participar en un coloquio de una uan mesa redonda sobre “Medios y religión”. Me costó Dios y ayuda llegar. Tomé un autobús que se desvió de su ruta porque los manifestantes bloquearon las calles. Me dejó tirado. Luego cogí un taxi que me hizo lo mismo y después de andar largo rato, y cruzar materialmente la manifestación, un segundo taxi me dejó al fin en el lugar de destino. A las seis de la tarde salía del Cabanyal, a las 10 de la noche, con regreso en taxi, llegaba a casa.

¿Que cómo me salió a mí mi ponencia? Yo tenía que disertar sobre “Cine contemporáneo y hecho religioso”. ¡Sólo me dejaron a mí hablar cinco minutos, porque los otros ponentes se enrollaron!

jueves, 26 de enero de 2012

Obispos y curas, bajo la campana


Bajo una campana de cristal.
Yo creo que hay algo en nuestros queridos obispos y en los curas que les aísla de la realidad, como si una campana de cristal les protegiera y defendiera de la intemperie.  Esta semana, dos obispos (el de Valladolid, el de Tarragona)  han hecho declaraciones sobre el matrimonio civil y los homosexuales, de las que después se han tenido que explicar o desdecir.

En ciertos casos, no quieren hacer funcionar de verdad lo que se llama religiosidad popular. Protestan y tuercen el gesto ante manifestaciones dudosas en procesiones y fiestas y luego ellos presiden y bendicen lo que por delante se les ponga. Como viven en sus palacios (todo debe decirse: muchos de ellos, desvencijados) o en sus curias, o en sus casa abadías o en sus sacristías, ni se tratan o  ni conocen de verdad a la gente corriente, que no se casa por la iglesia o que no va a misa, o que no bautiza a sus hijos. No viven en la calle, no hablan de tú a tú con la gente (cuando hablan con ella, ésta se viste de corbata).

No se preguntan por qué hay ya muchísimas más bodas civiles que religiosas, por qué la deserción de tanta gente buena de la Iglesia. ¿Será el clima de inmoralidad y decadencia que reina en occidente? Si hay que buscar causas (¡cuidado!, no culpables), ¿por qué  se buscan siempre fuera de la Iglesia?

miércoles, 25 de enero de 2012

Lo que quiero ahora


Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar” (Angeles Caso)

Me ha gustado muchísimo el artículo escrito por Ángeles Caso publicado en un suplemento de los periódicos del domingo pasado. Lleno de clarividencia, donde cuanta su estado de paz consigo misma y su serenidad ante la vorágine de historias para no dormir que en este tiempo estamos viviendo. Y eso que ella, periodista, sabrá más de  ”la mitad de la misa” de lo que está pasando. Recuerda a Jorge Manrique, Fray Luis de León o a Quevedo en algunos de sus líneas. El último párrafo es un autentico programa humanista. 


Ella no es creyente y merece serlo. Que Dios, (aunque oculto para ella) la ayude. Yo, como creyente, asumo ese programa. Ahí tenéis el enlace por si queréis leerlo:
http://www.lavanguardia.com/magazine/20120119/54245109494/lo-que-quiero-ahora-angeles-caso.html

martes, 24 de enero de 2012

Hoy es la fiesta de los periodistas.

El patrón de los periodistas no es PRISA, ni Planeta, ni Roures, ni  JJ. Ramirez. Es San Francisco de Sales, obispo de Ginebra allá por el siglo XVI y que ya hacía lo que los de ahora también hacen: escribir artículos en los papeles para convertirnos a sus ideas. Está muy bien, si las razones que se aducen son verdaderas y convincentes. Hoy, la manipulación de la noticia conduce a ladesinformación y  manipulación del lector. Y todos tan panchos.

Francisco de Sales redactaba pequeños artículos que distribuía a escondidas por las casas de los calvinistas ginebrinos ¡y los convertía al catolicismo! Aunque se dice que era más bien el testimonio de un carácter paciente, dulce y lleno de buen humor, el que hacía acercarse a los severos protestantes a la fe católica. ¡Uy, si también aprendiéramos los católicos  hacer también eso y no a torcer el gesto porque una politica casada por lo civil vaya a pronunciar un discurso folclórico-cultural como es un pregón de Semana Santa!

¡Felicidades periodistas!,  aunque algunos seáis el colmo de la incredulidad, pareceos en algo a Francisco de Sales!

Tartufo no es un bombón helado

Friedich W. Murnau dirigió un buen puñado de películas, casi todas grandes obras maestras. Ahora que parece que quieren reivindicar el esplendor del cine mudo con esa película recién estrenada “The artist”, he aprovechado la ocasión para ver de nuevo ”Tartufo o el hipócrita”, dirigida por el genial cineasta alemán en 1925.  Como la obra original en la que se inspira, cuyo autor literario fue  el frances Moliere, sufrió prohibiciones radicales, pues incomodaba a los eclesiásticos, a los políticos, a los poderosos de la sociedad de su tiempo.

Aunque no es con mucho una de las mejores, la película, de gran carga anticlerical, denuncia la hipocresía y el fariseísmo, que muchos adoptan aprovechándose de los sinceros sentimientos religiosos de los demás para sostenerse o acceder a los centros del poder y del favoritismo. (Jesús de Nazaret combatió con gran dureza a aquellos tartufos encarnados por los fariseos y escribas en su tiempo).

Hoy sigue habiendo  montón de hipócritas, y no lucen hábito, y ya no acuden a reglamentos religiosos. Yo también he advertido que el fariseísmo, la hipocresía, el tartufismo  y la falsedad de las personas siguen apareciendo como hongos.


Las verdades a medias son una mentira a veces más descaradas que los propios embustes. Y si algo tiene que ser inherente a un auténtico cristiano es su transparencia y su amor a la verdad. “Yo soy la verdad y la vida”, dijo Jesús. Una verdad que si brilla en mi vida me hará libre y feliz. “La verdad os hará libres”, San Pablo dixit.

lunes, 23 de enero de 2012

Una tarde en la ermita de Santa Margarita de Abejuela.



 El paisaje es casi glacial. A veces parece tundra, alta montaña, estepa siberiana.  Te encuentras con bosquecillos de pinos  y carrascas, matorrales en forma de pináculos de enebro, después con oscuras sabinas de viejos troncos retorcidos. Frío invernal, aire glacial, rincones donde el sol nunca llega albergando grandes montones de nieve virgen. Austeridad, resistencia, severidad, sobriedad y sobre todo, mucha serenidad. Tales son las sensaciones y sentimientos que el paisaje de las Navas de Abejuela transmite al vagabundo que por allí se acerca. Silencio profundo que se rompe, de vez en cuando,  por el graznido de un cuervo o una graja, o la esquila de algún rebaño lejano.

Ayer, domingo, estuve en esos lugares de las estribaciones del Javalambre. Aun quedaba mucha nieve del gran temporal que hubo el lunes y el martes pasado. Nos acercamos a la ermita de Santa Margarita, cuyo origen es del siglo XIII. Descuella en un altozano presidiendo las llamadas Navas de Abejuela. (Las Navas son amplias mesetas muy altas donde otrora se cultivaba cereal y ahora sirve de pastizales para el ganado). En la Ermita se estaba muy bien: no movía nada de aire y el sol era una caricia. (En cuanto se pone el sol, a la noche, la temperatura desciende hasta -10 grados).                                                                                                        

En esa ermita yo he celebrado Misa cuatro veces, en la fiesta de la Romería que se hace, antes en julio, y ahora por san Agustín (agosto): decía la Misa en el interior de la ermita que ahora esta estupendamente restaurada y al acabar, acompañado del Alcalde,  bendecía  paellas, guisos y carnes que se cocinaban a leña en la pradera que rodea la ermita. Después, rendíamos buena cuenta de  lo bendecido. Yo fui Cura de Abejuela en mis primeros cuatro años de sacerdote, en mi primer destino de La Yesa. Abejuela es ya provincia y diócesis de Teruel y, por cercanía,  yo me encargaba de su feligresía. Había inviernos que la nieve me impedía llegar hasta allí. Hoy Abejuela  es pueblo muy pintoresco deshabitado casi en invierno y repleto gente en el corto verano que allí tienen.