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Miguel y Lolín, ayer mismo, despues de la ceremonia de sus Bodas de Oro |
Retorno de
unos días de vacaciones y lo primero que tengo que realizar es presidir la
ceremonia de las Bodas de Oro de Miguel Prima con su esposa María Dolores. Adelanté
el día de regreso precisamente porque
esta pareja se lo merece.
Miguel es un gran colaborador de la parroquia, desde
hace muchísimos años ésta ha echado mano siempre de él tanto para un roto como
para un descosido. Su padre procede de Llíria, pero vivió siempre en el Cabanyal. Trabajó hasta
su jubilación en Astilleros del Puerto de Valencia y su oficio era el de calafateador
de barcos. Su oficio hizo que inventara toda suerte de máquinas y artilugios
para la logística de la parroquia. Con sus ingeniosos inventos, movió imágenes,
ensambló andas, armó carros de tronos. ¡Cuánto también le debe la Junta
Parroquial de la Semana Santa! Había algo que, a última hora y a punto de salir
la procesión, no funcionaba, ¡llamad a Miguel Prima: él tiene la solución!
Promovió
como nadie la devoción a la Virgen de los Ángeles, la titular de la Parroquia y
colabora hasta ahora en cuantas cosas necesarias sean. Casa por casa ha vendido
más lotería que Doña Manolita de Madrid. Lleva con una puntualidad exacta los
libros de Bautismos. Dirige el rezo el
Rosario todo los días. En cualquier acto del Arciprestazgo siempre está discretamente
presente.
Hay dos
cosas todavía aun más valiosas en Miguel. Una, su gran religiosidad, nada ñoña,
que le llena de gran bondad y alegría. Yo le digo que el día que se muera (que
Dios quiera que sea lo más tarde), oiremos como se ríe desde su ataúd. Y la
otra cosa muy grande, que Miguel y su esposa también poseen, es el haber
formado una gran familia, tres hijos y ahora cuatro nietos, guapísimos y vivarachos,
que son el espejo y la alegría de sus abuelos.
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¡Hace cincuenta años! |
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