El evangelio de este Domingo III de Cuaresma es muy largo, correspondiente a una de las reflexiones que se podían usar para preparar a los primitivos catecúmenos adultos para recibir el Bautismo. Es una de las páginas más profundas del evangelio de Juan. En él se subraya esa misión espiritual de Jesús, agua que brota del mismo amor de Dios. Él se propone a la Samaritana (como a nosotros ahora) como el Mesías, el Señor. Como aquella pobre mujer de vida desarreglada e insatisfecha, como el ciego de nacimiento que se curará de su ceguera y encontrará la luz, el próximo domingo, ambos acabarán diciendo: “Yo creo que Tú eres el Mesías , el Hijo de Dios!”

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