
Algunos medios han saltado de admiración porque pese a todo, la última película de Santiago Segura ha subido la moral exitosa y económica del cine español en las horas más bajas de su historia (pérdida millonaria de espectadores, escándalos en la Academia, cineastas vendidos al oro de Moscú de la política imperante…). Otros han manifestado su nausea ante espectáculo tan denigrante y humor tan barriobajero como el de este cineasta.
No hace falta afirmar que este señor es un “listillo” y no le da vergüenza decirlo y vivir de ello, mientras hay gente que le aplauda. “Torrente” es el emblema de dos cosas: el nivel cutre del cine español oficial (¡mucho más, que aquel de los años del destape, donde Alfredo Landa se dedicaba a perseguir a suecas en combinación!) y de lo impresentable y feo que ha llegado ser el país actual que nos ha tocado vivir: su cine es antología-retrato de esa España, canonizada por los poderes públicos.
Y mientras en la cola, un montón de pequeños cineastas, sin subvenciones ni influencias, esperando una oportunidad.
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