Con frecuencia las canonizaciones de santos
que hace la iglesia son muy discutibles. Detrás de hacer santo a un cristiano o
cristiana, están los intereses, entusiasmos y fervores de las órdenes
religiosaso de sus discípulos. Así como es evidente que se hagan santos a algunos cristianos con
cierta lentitud (Juan XXIII, por ejemplo, que tardó muchos años en serlo) se
necesitan los milagros (¡). Otros llegan a los
altares con una vertiginosa velocidad. No digamos nombres pues además siembran
un cierto desconcierto en grandes sectores de la iglesia. A otros, como sabia criba, se les obstaculiza
el camino de la santidad oficial. Y es que la Iglesia es muy prudente.

¡Qué bien!. Ahora
el papa Francisco ha levantado el veto a la beatificación del arzobispo Romero,
que fue asesinado en El Salvador cuando decía Misa. Es una coherencia más de
este Papa Francisco, a quien aquí nos unimos
hoy en el dolor a causa del fallecimiento de familiares muy cercanos en un
accidente de coche.
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