Severa y austera, Soria te obliga a mirar hacia dentro. Estos días pasados he estado en Soria, esa ciudad que parece perdida en medio de la península, aislada por sus altos páramos. Todos los que allí llegan, prendados quedan de su belleza. ¡Qué lejos de la aparatosidad, grandilocuencia y megalomanía de la arquitectura de las grandes urbes!. Aunque pequeña, es una ciudad moderna, que está al día, pero que no presume de ello.

El cementerio de El Espino, el claustro de San Juan del Duero, el templo de Santo Domingo, el paseo hasta la ermita de San Saturio que vigila el Tajo, la atalaya del Mirón, que contempla "la curva de Ballesta" del severo Tajo, ayudan meterse en el corazón toda la belleza callada de esta ciudad.
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