Ésta es la última carta enviada a mis feligreses. Os la envío a todos vosotros, mis lectores del Blog. Aquí la tenéis porque os puede interesar. ¡Y recordad que Dios es más grande que nuestros pecados, por muchos y enorme que nos lo parezcan!
Queridos feligreses y amigos: Recordad que todos los días en la parroquia, a puerta cerrada, celebro la Eucaristía por todos vosotros. Aunque es una sensación extraña no ver a nadie en el templo yo sé que lo estáis vosotros llenando con vuestra presencia invisible. Celebro por todos vosotros la Santa Misa, y rezo las vísperas por la tarde. Incluso las intenciones de misa que se habían anotado en la agenda antes del estado de alarma, las ofrezco y elevo al Señor con gran devoción. Ánimo a todos, mucho ánimo.

Os propongo que mañana o pasado con tranquilidad y en vuestra casa realicéis este misterio que es la misericordia de Dios que nos perdona: prepararos como si fuerais a confesaros con normalidad (examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de enmienda) y la absolución del sacerdote en nombre de Dios y de la Iglesia se suple con vuestro sincero arrepentimiento y contrición. Después, como cumplimiento de la penitencia, rezad tranquilamente, muy despacio, el Padrenuestro y haced alguna acción que redunde en beneficio de los demás u os comporte algún sacrificio. Más tarde, cuando podáis salir al templo ya os confesaréis de un modo normal.
"Sé que muchos de ustedes, para Pascua" - dijo el Papa - "van al confesarse para reencontrarse con Dios". Pero, muchos me dirán hoy: 'Pero, Padre, ¿dónde puedo encontrar un sacerdote, un confesor, por qué no se puede salir de casa? Y yo quiero hacer las paces con el Señor, quiero que Él me abrace, quiero que mi papá me abrace... ¿Cómo puedo hacer si no encuentro sacerdotes?' Haz lo que dice el Catecismo".
"Es muy claro: si no encuentras un sacerdote para confesarte -explicó el Pontífice-, habla con Dios, que es tu Padre, y dile la verdad: 'Señor, he hecho esto, esto, esto... Perdóname', y pídele perdón con todo mi corazón, con el Acto de Dolor, y prométele: 'Me confesaré más tarde, pero perdóname ahora'. Y de inmediato, volverás a la gracia de Dios. Tú mismo puedes acercarte, como nos enseña el Catecismo, al perdón de Dios sin tener un sacerdote a mano. Piensa en ello: ¡es la hora! Y este es el momento adecuado, el momento oportuno. Un acto de dolor bien hecho, y así nuestra alma se volverá blanca como la nieve". Homilía en Santa Marta, 20/3/20.
En otro correo os envío una guía de preguntas redactadas también por el Papa Francisco que nos puede servir de examen de conciencia.
Recemos unos por otros. Feliz retiro (obligado) a todos.
José Luis Barrera, vuestro párroco.
Me parece muy interesante, gracias por todo.
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