En estos trastocados tiempos que ha provocado el confinamiento, parece que la naturaleza se está tomando unas confianzas que antes no tenía. Recupera los espacios y hábitos que los humanos le habíamos cogido. En el monte, senderos marcados por los pies de los transeúntes están desapareciendo entre las hierbas y los matojos altos. En mi barrio han retornado los gorriones y los mirlos durante toda esta primavera se han apoderado de todos los árboles de las calles. Ahora también a las palomas se las ve con menos precaución y miedo que antes, son casi insolentes.

El día anterior intenté hacer un guiso especial de mi invención (soy un poco cocinero manitas) que me salió muy mal. A lo mejor es que estaba falto seguramente de inspiración. Así que, seguramente por esto, me visitó en la cocina al día siguiente el "Espíritu Santo" en forma de paloma para inspirarme.
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